El profundo vínculo con Madrid

Recuerdo perfectamente la primera vez que pisé el Campus de la UNAM y la visión imponente en la lejanía del mural de Juan O´Gorman. Para mí, México DF siempre será aquella imagen. Igual que la entrada de Harvard será mi recuerdo de Boston. O el edificio de la Universidad Lomonósov, una de las «siete hermanas» de Stalin, mi lugar de Moscú. Qué decir de Bolonia, Oxford o Salamanca… De aquel viaje a México también recuerdo la visita al Tec Monterrey, donde nos explicaron el proyecto llamado Distrito Tec en el que la universidad se involucraba en transformar la calidad de vida en su entorno, un barrio bastante conflictivo. Ser vicerrector de relaciones internacionales es un inmenso privilegio para los que amamos la universidad y una de las cosas que te permite es percibir la intensa relación que hay entre las grandes universidades y sus ciudades.

Las universidades son instituciones longevas y resilientes, instituciones «ancla» («anchor institutions«) fijadas a un lugar en un mundo en que las ideas, el capital y las personas circulan libremente sin atarse a nada. No solo generan conocimiento y actividad económica, sino que además tienden a «no marcharse», incluso en los malos momentos.

Fernando Fernández-Monge, en un interesante artículo de hace unos años, explicaba el caso paradigmático de Pittsburg: «En los años 70, mientras la industria del acero se desplomaba en todas las ciudades del Rust Belt norteamericano, las dos universidades de la ciudad (Carnegie Mellon y la de Pittsburg) se posicionaron como líderes en investigación; la primera en robótica y computación, la segunda en medicina. Aunque la caída del sector del acero dejó profundas cicatrices, Pittsburg pudo escapar del oscuro destino que persigue, hasta el día de hoy, a muchas antiguas ciudades industriales como Detroit.»

Esa relación universidad-ciudad, que se establece en múltiples dimensiones, me parece un tema fascinante, sobre el que leo todo lo que cae en mis manos y sobre el que me encantaría profundizar si algún día tuviera tiempo para estas cosas. Durante mi etapa en el rectorado hicimos un esfuerzo por trasladarle a la Comunidad de Madrid el enorme potencial que suponían las universidades públicas para la ciudad, a todos los niveles. Cada una con su carácter muy diferenciado, las seis universidades madrileñas son un indudable valor que la comunidad autónoma y la ciudad deberían mimar.

Bajando al nivel de una escuela o facultad, para mí es un objetivo clave profundizar en el vínculo de la Escuela de Caminos con Madrid: Recuperar a la Escuela como referente en los debates sobre los retos de nuestra ciudad y convertirnos en uno de los motores, desde la ingeniería de las infraestructuras y los servicios urbanos, para transformar Madrid en referencia de ciudad sostenible europea. La Escuela de Caminos es muy especial en este sentido, por cuanto nuestro ámbito, las infraestructuras, está muy ligado al entorno urbano y tiene un impacto innegable en la calidad de vida de las ciudades.

En 2020, el Ayuntamiento de Madrid impulsó la creación de la asociación Madrid Capital Mundial de la Construcción, Ingeniería y Arquitectura MWCC (www.madridwcc.com) convencido de que el ecosistema de la construcción en nuestra ciudad puede ser un referente para el mundo. Sin duda, una pieza clave para entender ese posicionamiento actual de la ciudad es nuestra Escuela de Caminos. Y deberíamos jugar un papel principal en el desarrollo de la actividad de dicha Asociación, adoptando una posición de liderazgo dentro de ese ecosistema de empresas, organizaciones y entidades públicas.

Con independencia de MWCC, que en mi opinión ya ha alcanzado la madurez suficiente y debería atreverse a aumentar la ambición de su propuesta, nosotros debemos intensificar la interacción entre la escuela y la ciudad, aprovechando además nuestros espacios y nuestra ubicación privilegiada.

En estos dos años, nos hemos dedicado intensamente a ello. Además del trabajo de las cátedras que mantenemos con Calle 30 o la EMT, el Observatorio de la Movilidad Metropolitana o el trabajo que venimos haciendo con la iniciativa del gemelo digital de Madrid, hay toda una labor de acercamiento institucional para generar un espacio de confianza y trabajo conjunto. Y he de reconocer que la respuesta que estamos encontrando por parte de las diferentes autoridades es muy receptiva.

Por eso, este año me atreví a dar el paso de invitar al Alcalde de Madrid a nuestra entrega de diplomas. Gracias sobre todo al director gerente de la EMT, Alfonso Sánchez, antiguo alumno de la Escuela, que sigue apoyándonos con un cariño tremendo, logramos que aceptara y su presencia sirvió para poner de manifiesto ese profundo vínculo entre ciudad y escuela, que tenemos que seguir cuidando día a día.

Termino reproduciendo la parte de mi discurso de aquel día, 19/03/2024, donde intenté resaltar ese vínculo y transmitir ese objetivo.

Extracto del discurso de entrega de diplomas egresados 2022-23

Esta Escuela fue fundada en 1802 con el objetivo de ser el centro de formación de un cuerpo de élite de ingenieros que se ocupasen del proyecto, construcción, mantenimiento y explotación de las grandes infraestructuras hidráulicas y de transporte del Estado.

Los inicios no fueron fáciles. Enseguida los ingenieros de caminos fueron considerados liberales y Fernando VII acabó cerrando la Escuela para convertirla en una tauromaquia durante varias décadas. Como de todo se aprende, yo estoy seguro de que la templanza y el saber estar de los ingenieros de caminos nos viene de nuestro pasado torero.

Pero bromas al margen, los comienzos de nuestra escuela fueron titubeantes hasta que en el año 1858 los ingenieros de caminos consiguieron algo que les ganó el respeto de la sociedad: solucionaron el abastecimiento de agua a Madrid.

Hoy puede sonar increíble, pero hasta hace 200 años la escasez de agua era uno de los principales obstáculos de nuestra ciudad; generaba problemas de salubridad, impedía que creciese y amenazaba su futuro como capital de España.

El Canal de Isabel II cambió esta realidad radicalmente: fue uno de los abastecimientos de agua más modernos y eficaces de toda Europa. Y durante doscientos años ha servido para que los madrileños tengamos el privilegio de recibir agua de calidad y abundante mientras multiplicábamos por 30 la población. Fue una obra colectiva, pero sin duda, la labor de grandes ingenieros y profesores de esta Escuela como Juan Rafo, Juan de Ribera o Lucio del Valle, resultó clave y así fue percibido por la sociedad. El Canal cimentó el prestigio de nuestra Escuela y el profundo vínculo de la Escuela con Madrid.

Desde entonces, hemos acompañado a nuestra ciudad en sus grandes retos dando soporte a su crecimiento y mejorando la calidad de vida de los madrileños. Cada mañana, en las cocheras de la EMT, en las carreteras de entrada a Madrid, en el Canal de Isabel II, en Mercamadrid, en el metro… la ciudad despierta muy temprano poniendo en marcha uno de los mejores sistemas de infraestructuras del mundo para permitir que tengamos asegurado el abastecimiento de toda clase suministros y el saneamiento en todas nuestras calles y edificios y que los madrileños podamos desplazarnos de forma rápida y segura a nuestros trabajos.

Desde los cientos de kilómetros de una de las mejores redes de metro o los túneles de Calle 30, hasta los puentes, pasarelas, presas, canales, estaciones de bombeo y miles de kilómetros de tuberías … las infraestructuras de Madrid se perciben en esta Escuela como parte de nuestra identidad, hasta el punto de que puedo asegurarles que los primeros diseños de algunas de ellas se hicieron en servilletas de papel de nuestra cafetería de profesores.

El trabajo de los ingenieros e ingenieras de caminos suele ser anónimo, mucho más centrado en el progreso y bienestar de los ciudadanos que en aparecer en los focos mediáticos. Así es, y así debe seguir siendo. Sabemos que lo que hacemos es de todos y para todos, y en eso no se pone la firma. Pero recuerde, Sr. Alcalde, que seguimos aquí, al quite.

En los próximos años, nuestra ciudad tendrá que afrontar retos importantes y una profunda transformación de sus infraestructuras con el foco puesto en la sostenibilidad y la digitalización. En ese camino, siéntase respaldado por un ejército de ingenieros e ingenieras, que ponen su talento al servicio de la ciudad y de sus ciudadanos. Créame, los habrá tan buenos como ellos en el mundo, pero no mejores.

Hoy Madrid es una de las mejores ciudades en calidad de vida. También es la sede de algunas de las mejores empresas de construcción, y tiene una de las mejores escuelas del mundo en ingeniería civil. Juntos, ciudad, empresas y universidad, formamos probablemente el mejor ecosistema de construcción de infraestructuras del mundo. Y estamos preparados para afrontar los próximos retos. Seamos, pues, ambiciosos, trabajando juntos. Sin duda, Madrid lo merece.