La Escuela de Caminos cuenta desde 2018 con el llamado Salón de Personas Ilustres, un espacio creado por acuerdo de la Junta de Centro con un objetivo muy concreto: reconocer de forma permanente a aquellas personas formadas o vinculadas a la Escuela cuya trayectoria haya alcanzado un nivel de excelencia extraordinaria y haya contribuido de manera relevante al prestigio de la ingeniería y de la propia institución.
No se trata solo de una galería de retratos. Cada incorporación responde a un procedimiento formal y exigente, basado en criterios objetivos —como premios nacionales o reconocimientos equivalentes— o en una valoración colegiada de méritos excepcionales. Las fotografías y placas que se incorporan pasan a formar parte del patrimonio permanente de la Escuela, como expresión de su memoria institucional.
En este contexto, la Escuela celebró recientemente el acto de incorporación de Felipe Martínez al Salón de Personas Ilustres. Ingeniero de formación y también profesor, su trayectoria profesional ha estado vinculada a instituciones clave como el CEDEX, donde llegó a ser Director General, y a responsabilidades de alto nivel en la Marina Mercante y en Salvamento Marítimo.
Más allá del reconocimiento individual, este tipo de actos tienen también una dimensión colectiva: refuerzan la memoria de la Escuela y ofrecen a las nuevas generaciones una referencia tangible de lo que significa una trayectoria profesional sostenida, rigurosa y orientada al interés general.
La verdad es que fue un acto muy emotivo y nos acompañaron muchos compañeros del Cedex y profesores de la escuela que conocían a Felipe.
A continuación recojo mi discurso de presentación:
Discurso – Salón de Personas Ilustres-Felipe Martínez
Buenas días. Bienvenidos / Bienvenidas a la escuela de caminos
Para todos los que formamos esta escuela es un honor muy especial celebrar hoy este acto: la incorporación de D. Felipe Martínez Martínez al Salón de Personas Ilustres de la Escuela.
El Salón de Ilustres no es solo un espacio físico ni una galería de retratos. Es algo mucho más profundo. Fue creado por acuerdo de la Junta de Centro allá por 2018, con una finalidad muy concreta: reconocer de manera permanente a aquellas personas formadas o vinculadas a esta Escuela cuya trayectoria profesional, científica o institucional haya alcanzado un nivel de excelencia extraordinaria y haya contribuido de forma relevante al prestigio de la Ingeniería y de la propia Escuela. Es, de alguna forma, un legado, una identidad que representa lo que somos y en lo que creemos.
Su normativa establece un procedimiento formal y exigente. No es un reconocimiento automático ni discrecional. Requiere una propuesta razonada, una valoración institucional y el cumplimiento de criterios objetivos —como premios nacionales o reconocimientos equivalentes— o méritos excepcionales debidamente acreditados. Es, por tanto, una decisión colegiada que responde a estándares claros, muy exigentes y a una voluntad de preservar el significado del reconocimiento.
Además, el Salón tiene vocación de permanencia. La fotografía que hoy incorporamos no es un homenaje efímero. Forma parte del patrimonio simbólico de la Escuela. Cada estudiante que pase por este espacio verá estos nombres y entenderá que la excelencia no es una abstracción, sino una trayectoria concreta, exigente y sostenida en el tiempo.
El Salón de Ilustres no celebra el éxito puntual. Reconoce carreras que han contribuido al avance del conocimiento, al servicio público, a la proyección internacional de la ingeniería o al fortalecimiento institucional de nuestra disciplina. Es, en definitiva, un lugar de memoria activa: memoria que inspira, que orienta y que recuerda cuál es el nivel al que aspiramos.
En el ámbito de la Ingeniería, uno de los méritos objetivos establecidos es haber recibido el Premio Nacional de Ingeniería Civil. Felipe lo recibió en 2022. Y con ello cumple sobradamente los criterios formales que permiten su incorporación directa a este Salón.
Pero más allá del criterio normativo, lo que hoy celebramos es una vida profesional al servicio de la ingeniería y del interés general.
Felipe Martínez es egresado y antiguo profesor de esta Escuela. Fue también profesor titular de Ingeniería Hidráulica en la Escuela de Obras Públicas de Madrid y director, asesor y profesor en numerosos cursos nacionales e internacionales. Es decir, no solo ejerció la ingeniería: la enseñó, la difundió y la pensó.
Su trayectoria profesional está profundamente vinculada al CEDEX, donde ocupó responsabilidades de máxima relevancia, culminando como Director General. Al frente del Centro de Estudios de Puertos y Costas, impulsó el desarrollo de la ingeniería hidráulica y marítima española hasta situarla como referencia internacional. Integró la investigación avanzada, la protección ambiental y la modernización tecnológica en una visión estratégica que fortaleció tanto al CEDEX como al prestigio internacional de la ingeniería española.
Posteriormente, como Director General de la Marina Mercante y Presidente de Salvamento Marítimo, lideró la modernización de medios aéreos y marítimos para el salvamento y la lucha contra la contaminación. Ahí la ingeniería deja de ser abstracta y se convierte en protección de vidas humanas y del medio marino.
Su liderazgo internacional en asociaciones técnicas y consejos rectores— refleja otra dimensión esencial: la capacidad de construir comunidad científica y técnica más allá de nuestras fronteras. Y durante años contribuyó, desde la CICYT, a incorporar la ingeniería civil a los Planes Nacionales de I+D, reforzando su papel estratégico en la política científica del país.
Pero si algo define una trayectoria como la suya es la coherencia entre conocimiento, responsabilidad pública y servicio.
Hoy, al colocar su fotografía en este Salón, no solo reconocemos sus méritos objetivos. Reconocemos una forma de entender la profesión: rigurosa, comprometida con el medio ambiente, abierta al ámbito internacional y profundamente consciente de la dimensión pública de la ingeniería.
Querido Felipe, esta Escuela fue parte de tu formación y de tu trayectoria. Hoy tu trayectoria pasa a formar parte permanente de la memoria institucional de la Escuela.
A tu familia y amigos, gracias por acompañarnos. Vuestra presencia da sentido humano a este acto. Porque detrás de cada carrera profesional sólida hay apoyos silenciosos, renuncias compartidas y afectos que sostienen.
Más allá de los cargos, de los premios y de las responsabilidades institucionales —que son muchos y muy relevantes— hay algo que quizá define mejor la trayectoria de Felipe: el respeto y el cariño que ha sabido ganarse dentro de nuestra profesión. Durante estos días he tenido la oportunidad de vivirlo en primera persona, por la cantidad de gente que me he ido encontrando y me ha pedido que te transmitiera un fuerte abrazo.
Felipe no es solo un referente por lo que ha hecho, sino por cómo lo ha hecho. Con rigor, con discreción, con vocación de servicio y con una generosidad intelectual que ha marcado a quienes han trabajado a su lado. Es de esas personas que elevan el nivel técnico… y también el nivel humano de las instituciones por las que pasan.
Nuestra profesión puede ser exigente, competitiva y compleja. Pero, de vez en cuando, nos ofrece el privilegio de reconocer a quienes han sabido ejercerla con excelencia y con humanidad. Felipe es, sin duda, uno de ellos.
Querido Felipe, hoy tu fotografía pasa a formar parte del Salón de Ilustres. Pero tu presencia en esta Escuela, en el CEDEX, en la Marina Mercante y en tantos espacios de la ingeniería española, forma parte ya de algo más profundo: de la memoria viva y agradecida de esta profesión.
Enhorabuena. Es un honor para la Escuela, y es una alegría sincera para todos nosotros.
Muchas gracias.