Métricas y ciencia: el sueño de la razón produce monstruos

Métricas y ciencia: el sueño de la razón produce monstruos

Charles Goodhart, profesor emérito de la LSE, formuló la llamada «ley de Goodhart» en los 70, cuando trabajaba en el Banco de Londres: «cualquier regularidad estadística observada tenderá a desplomarse una vez se presione para utilizarla con propósitos de control». Dicho de otra forma: «When a measure becomes a target, it ceases to be a good measure». De lucidez y simplicidad extraordinarias

Estas semanas he tenido que echar la vista atrás. Y han vuelto muchos recuerdos de mi etapa como investigador. Recuerdo bien la escritura de artículos científicos como un ejercicio necesario. Escribir no es solo contar lo que has hecho; es someter tu trabajo al juicio de otros. No has hecho nada realmente valioso si no eres capaz de explicarlo de forma que otros puedan entenderlo, criticarlo y construir sobre ello

El problema empieza cuando esa medida de la calidad científica se convierte en la variable de control de todo un sistema. Publicaciones, citas e índices de impacto nacieron como aproximaciones razonables al valor de la investigación. Pero cuando pasaron a ser el eje de las carreras académicas y de la reputación institucional, el sistema se adaptó: Empezó a generar comportamientos orientados a maximizar el indicador, no necesariamente el conocimiento

Después de veinte años en gestión académica, vivo alejado de ese mundo y cuando vuelvo a asomarme me inquieta comprobar que los problemas, entonces ya visibles, persisten. Los sistemas de medida se han sofisticado —cuartiles, índices h, altmétricas, FWCI—, pero seguimos midiendo con las mismas lógicas. Y el sistema, previsiblemente, se adapta: “granjas” de citas, inflación de artículos, dictadura de revistas, negocio basado en volumen

Hace veinte años, estas disfunciones convivían con una cierta legitimidad. Siempre hubo excesos. Pero el sistema seguía siendo creíble. Hoy, no me atrevo a opinar. Quizá la ley de Goodhart es inexorable. Sin embargo, sigue habiendo mucha gente haciendo las cosas bien. Y sigue siendo profundamente valioso aprender a escribir artículos científicos, una de las mejores escuelas intelectuales que existen

Diría que a esta tensión se suman ahora dos fuerzas que complicarán aún más la legitimidad del sistema. La inteligencia artificial, que actúa como acelerador exponencial de la publicación científica y debilita la relación entre volumen y valor. Y la fragmentación geopolítica, que resquebraja la idea de un estándar global limitando la circulación del conocimiento más relevante, especialmente en tecnología

Sin embargo, seguimos apoyando sobre estas métricas decisiones de enorme calado: evaluación de profesores, financiación, rankings de universidades. Me viene a la cabeza aquella pintura de Goya: El sueño de la razón produce monstruos. No hemos perdido la razón pero, desconectada de su propósito, cada vez genera resultados más inquietantes, demasiado visibles para ignorarlos. No es el caos lo que produce los monstruos, sino una razón que se empeña en medir por encima de todo