El Ayuntamiento de Madrid organiza para 2027 el primer centenario del fotoplano de la ciudad de Madrid de 1927 y entiende que es una gran ocasión para poner en valor la fotografía aérea y la cartografía desde todas las instituciones implicadas en su elaboración y su uso como herramienta para la planificación urbana y de las infraestructuras.
¿Qué supone para la Escuela que diriges la celebración de este centenario?
El centenario del fotoplano de Madrid de 1927 es un acontecimiento de enorme valor para la Escuela de Caminos. Aquel fotoplano —el primero georreferenciado de la ciudad, realizado a escala 1:5.000 sobre coordenadas del Instituto Geográfico y Catastral— marcó un antes y un después en la manera de comprender y planificar Madrid. Nos recuerda que el progreso urbano siempre ha estado ligado a la capacidad técnica de medir, representar y analizar el territorio.
Para la Escuela, este aniversario es también un momento para reconocer nuestra propia historia. La institución tuvo un papel decisivo en el desarrollo de la fotogrametría española, especialmente a través de la figura de José María Torroja y Miret, hermano del gran Eduardo Torroja.
José María fue también un ingeniero de Caminos excepcional: doctor en Matemáticas, número uno de su promoción, pionero en fotografía aérea, inventor del fotográmetro, el primero de los fototeodolitos modernos, y una de las referencias europeas en fotogrametría en los años 1910–1930. Bajo su dirección, el Servicio Fotogramétrico del Instituto Geográfico y Catastral introdujo en España los métodos más avanzados del momento, que serían los utilizados en la elaboración del fotoplano de 1927.
Celebrar este centenario es, por tanto, reconocer el legado científico y técnico que ayudó a configurar el Madrid moderno, y poner en valor la aportación histórica de la ingeniería civil al conocimiento de la ciudad.
¿Qué relación ha existido entre la Ingeniería de Caminos y la cartografía? ¿Es una relación simbiótica?
Sin duda, es una relación profundamente simbiótica. La ingeniería de caminos no puede existir sin una representación precisa del territorio. Desde los primeros levantamientos topográficos hasta los actuales modelos digitales del terreno, la cartografía ha sido el lenguaje fundamental con el que los ingenieros interpretan, transforman y proyectan el espacio. La cartografía es para la ingeniería civil lo que la anatomía es para la medicina: el lenguaje básico que permite intervenir con rigor.
Al mismo tiempo, muchas innovaciones cartográficas surgieron precisamente para atender necesidades de la ingeniería civil: medir con mayor precisión, representar pendientes, definir alineaciones, modelizar drenajes o evaluar riesgos. En España, la fotogrametría se consolidó como disciplina gracias a la colaboración entre ingenieros del Instituto Geográfico y la Escuela de Caminos, que desde principios del siglo XX integró laboratorios, equipamiento fotogramétrico y programas de formación especializados. Catedráticos como José García de Castro y numerosos profesores asociados del IGN mantuvieron viva esa tradición hasta nuestros días.
Desde entonces, la fotogrametría ha estado siempre presente en la docencia, investigación y transferencia de la Escuela de Caminos hasta nuestros días. Cartografía e ingeniería civil se han alimentado siempre mutuamente: una ofrece el soporte para pensar el territorio, la otra convierte ese conocimiento en obra construida.
¿Cómo se enseña en la Escuela la creación y utilización de mapas y datos geoespaciales?
La dimensión geoespacial es hoy un pilar central en nuestra formación. Los estudiantes aprenden tanto la base clásica —topografía, fotogrametría, cartografía— como las tecnologías digitales que están transformando la disciplina: sistemas de información geográfica (SIG), teledetección, LiDAR, modelización digital del terreno, análisis de datos espaciales e integración BIM–GIS.
Se les forma no solo para producir mapas, sino para interpretar y modelizar el territorio, cruzar información ambiental, urbana, climática y social, evaluar riesgos y tomar decisiones basadas en datos. En la ingeniería contemporánea, un mapa es una base de datos viviente que permite diseñar infraestructuras más inteligentes, seguras y adaptadas a la realidad.
¿Cómo afectan las nuevas tecnologías a la Ingeniería de Caminos?
La transformación tecnológica de la representación del territorio —drones, sensores, inteligencia artificial, nubes de puntos, gemelos digitales— ha revolucionado la práctica de la ingeniería civil.
Hoy es posible:
- Capturar el territorio con precisión centimétrica y actualizarlo casi en tiempo real.
- Simular con detalle el comportamiento de una infraestructura ante riesgos climáticos o eventos extremos.
- Integrar información ambiental, urbana y socioeconómica para diseñar infraestructuras más resilientes.
- Reducir incertidumbres, optimizar recursos y mejorar la toma de decisiones durante el diseño, la construcción y la operación.
Estas tecnologías no solo proporcionan nuevas herramientas: están cambiando la forma en que pensamos las infraestructuras. Nos permiten pasar de “intervenir sobre el territorio” a “intervenir con el territorio”, entendiendo mejor sus dinámicas, su fragilidad y su potencial.
Para la ingeniería civil, esto abre una etapa apasionante: más precisa, más conectada, más responsable y profundamente transformadora.