Ha sido un curso duro en cuanto a desapariciones: nos dejaron Pepe Calavera, Julio Martínez Calzón, Manolo Melis, Javier Manterola y, muy recientemente, Juan Miguel Villar Mir. Todos ellos personas muy relevantes en la historia de la escuela y de la ingeniería de caminos. No es casualidad, yo creo que asistimos al final de una época de gigantes. Y lo peor es que, probablemente, me tocará despedir a algunos más.
Aunque no tenemos recursos para afrontar estas cosas en condiciones, estoy haciendo un gran esfuerzo para que la escuela tenga una presencia importante en sus despedidas e, incluso, organicemos nosotros algunos homenajes emblemáticos. También estamos intentando responder rápido en comunicación: por ejemplo, las noticias que aparecieron en prensa del fallecimiento de Melis o de Manterola hicieron referencia mayoritariamente a los textos que nosotros habíamos publicado en la web de la Escuela:
https://caminos.upm.es/fallece-manuel-melis/
https://caminos.upm.es/fallece-el-profesor-javier-manterola-armisen/
Siempre te advierten: cuidado con organizar este tipo de cosas, porque si se lo haces a uno es difícil justificar que no se lo hagas a otro. Eso lo asumo; me toca a mí decidir a quién sí y qué hacer, y eso indudablemente tiene un desgaste. Incluso a algunas personas de mi equipo les cuesta entender el esfuerzo que hacemos por honrar nuestro pasado y por defender que es nuestro, cuando lo que más se nos suele criticar es habernos quedado anclados en él.
Como en muchas otras ocasiones, no tengo una justificación elaborada para las decisiones que tomo, sino más bien una intuición que me cuesta aterrizar en palabras, aunque uno de los objetivos de este blog es forzarme a hacerlo. Diría que para mí hay tres palabras importantes que tienen que ver con esto: memoria, identidad y trascendencia. La memoria entendida como un conjunto de imágenes que quedan en la mente para siempre, la identidad como un conjunto de rasgos que te diferencian de otros y la trascendencia como la cualidad que va más allá de lo cotidiano. Un homenaje como el que hicimos a Manuel Melis en la Escuela es eso: memoria, identidad y trascendencia. ¿Es importante para afrontar el futuro? Mi intuición es que sí. Por eso le dedico tanto tiempo, a veces con un alto coste personal.
El futuro es intangible, hablar de él es gratis. La gente debería entender que quien solo ofrece futuro, te está vendiendo un billete de lotería. Pero indudablemente hoy ese mensaje tiene muchos compradores. La gente prefiere hacerse rico con la lotería que trabajar duro para conseguir ser un profesional de nivel. Como decía la canción de Sabina, en tiempos tan oscuros florecen los falsos profetas o los vendedores de crecepelo, que mañana serán vendedores de otra cosa que guste más. Que nadie vaya entonces a pedir la garantía del crecepelo que compraron, porque ya serán sencillamente otra cosa. A eso algunos lo llaman dinamismo. Siento ser tan duro, pero es que esta semana veía la noticia en el periódico de cómo las seis universidades públicas de Madrid se desangran. El signo de los tiempos.
En la misma semana en que entregamos el premio Entrecanales al mejor ingeniero del mundo, celebramos en la escuela un homenaje a Manuel Melis que reunió a todo nuestro sector. La conjunción y la envergadura de ambos actos nos tuvo completamente desbordados con los preparativos durante más de un mes. Pero creo que mereció la pena. La Escuela salió reforzada.
Y desde luego, seguiremos por ese camino de rendir tributo a nuestro pasado, a las personas que nos han hecho ser lo que somos: tanto en comunicación, como en presencia e incluso organizando nosotros los actos que deban ser en la Escuela, a pesar del desgaste que tiene para algunos de nosotros. En este sentido, he de reconocer que estamos trabajando bien con el Colegio de Caminos: tratamos de que los actos sean conjuntos y ambas instituciones somos generosas a la hora de entender las razones de la otra cuando reclama que se realice en su sede. Destaco especialmente mi entendimiento personal con Fernando Ruiz Ruiz de Gopegui. El siguiente reto que afrontaremos será el acto homenaje a Juan Miguel Villar Mir.
Mis recuerdos del acto
Luego está la parte más personal. Uno es director de escuela solo unos años, pero hay cosas que te llevas en la mochila. Desde luego, yo siempre guardaré un recuerdo imborrable del acto de Melis, especialmente de esa parte final, cuando yo doy paso a Ruiz Gallardón diciendo algo que me había contado Miguel Ángel del Val, auténtico coordinador del acto:
“Desde muy joven Manuel Melis siempre decía que tenía una única jefa, que era la Virgen del Pilar. Sin embargo, para sorpresa de sus más cercanos, en los años 90 empezó a referirse a una persona también con el término de “jefe”. Eso, para él, eran palabras mayores. Yo diría que el único jefe que Manolo reconoció como tal fue Alberto Ruiz Gallardón. Pte. De la Comunidad de Madrid (1995-2003) y Alcalde de Madrid (2003-2011). Alberto, muchas gracias por acompañarnos hoy. El estrado es tuyo, por favor.”
Entonces Ruiz Gallardón dio un discurso precioso, que empezaba así: «Es muy difícil decir en pocos minutos lo que ha significado Manuel Melis en mi vida profesional y también personal». Y terminó emocionándose él y emocionándonos a todos: «todas estas obras fueron posibles porque un hombre extraordinario se puso al frente de la tarea y fue capaz de conseguir lo que se propuso. Se dijo aquí que por su generosidad Manuel Melis fue un gran Sancho Panza que todo Quijote político quiere tener a su lado. Creo que no, creo que él fue el Quijote».
Luego un vídeo fantástico de Pablo Quirós daba entrada a Ricardo Llorens, su profesor de cello, que tocó el Preludio, Sarabanda y Minuets I y II de la Suite n° 1 de Bach, la música que adoraba Manolo.
Imágenes imborrables que a uno le quedan para siempre.

https://caminos.upm.es/manuel-melis-maynar-homenajeado-en-la-escuela-de-caminos-de-la-upm-de-madrid/