Buenos días.
Bienvenidos, bienvenidas a la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid.
Para todos los que formamos esta Escuela es un honor muy especial celebrar hoy este acto de incorporación de D. Leonardo Fernández Troyano al Salón de Personas Ilustres de la Escuela.
El Salón de Ilustres no es únicamente un espacio físico ni una galería de retratos. Es algo mucho más profundo. Fue creado por acuerdo de la Junta de Centro en 2018 con una finalidad muy concreta: reconocer de manera permanente a aquellas personas formadas o vinculadas a esta Escuela cuya trayectoria profesional, científica o institucional haya alcanzado un nivel de excelencia extraordinaria y haya contribuido de forma relevante al prestigio de la Ingeniería de Caminos y de la propia Escuela.
Es, en cierto modo, una expresión de nuestra memoria colectiva. Un espacio que preserva aquello que consideramos valioso. Un legado que ayuda a explicar quiénes somos, de dónde venimos y qué aspiramos a ser.
Su normativa establece un procedimiento formal y exigente. No es un reconocimiento automático ni discrecional. Requiere una propuesta razonada, una valoración institucional y el cumplimiento de criterios objetivos o de méritos excepcionales debidamente acreditados. Es, por tanto, una decisión colegiada que responde a estándares muy exigentes y a la voluntad de preservar el significado de este reconocimiento.
Además, el Salón tiene vocación de permanencia. La fotografía que hoy incorporamos no es un homenaje efímero. Pasará a formar parte del patrimonio simbólico de esta Escuela. Cada estudiante que atraviese este espacio encontrará estos nombres y comprenderá que la excelencia no es una abstracción, sino una trayectoria concreta, construida durante décadas mediante el trabajo, el talento, el compromiso y la vocación de servicio.
Porque el Salón de Ilustres no celebra éxitos puntuales. Reconoce vidas profesionales que han contribuido al avance del conocimiento, al servicio público, a la proyección internacional de la ingeniería o al fortalecimiento institucional de nuestra disciplina.
En el ámbito profesional, uno de los méritos objetivos contemplados para la incorporación a este Salón es la obtención del Premio Nacional de Ingeniería Civil. Leonardo Fernández Troyano recibió dicho premio en 2024 por su extensa y extraordinaria trayectoria profesional en el campo de la ingeniería estructural y la construcción de puentes. Con ello cumple sobradamente los requisitos formales establecidos para su incorporación.
Pero más allá de los criterios normativos, lo que hoy celebramos es una vida entera dedicada a la ingeniería y al servicio a la sociedad.
Ingeniero de Caminos de la promoción de 1963 de esta Escuela y doctor desde 1965, Leonardo pertenece a una generación que protagonizó la gran modernización de las infraestructuras españolas durante la segunda mitad del siglo XX.
Muy pronto comenzó a trabajar junto a su padre, Carlos Fernández Casado, y en 1966 fundó, junto con él y con Javier Manterola, la oficina Carlos Fernández Casado S.L., una de las firmas de ingeniería estructural más influyentes de España y del ámbito internacional.
Su trayectoria profesional está ligada al diseño de puentes de todas las tipologías. A través de más de un centenar de proyectos ha contribuido decisivamente a configurar el paisaje de la ingeniería española contemporánea.
Frente a una visión puramente funcional de las infraestructuras, Leonardo ha insistido siempre en que los puentes forman parte del territorio, del paisaje, de la historia y de la cultura de los pueblos. No es casualidad que el jurado del Premio Nacional de Ingeniería Civil destacara precisamente su capacidad para integrar las obras de ingeniería en el territorio y en el paisaje.
A esa dimensión profesional se suma otra igualmente importante: la académica. Leonardo fue profesor de esta Escuela, donde impartió docencia sobre puentes de fábrica y puentes atirantados. Varias generaciones de ingenieros se formaron escuchando a quien no solo conocía la teoría de los puentes, sino que los proyectaba y los construía.
Y existe todavía una tercera faceta que completa su figura: la de escritor, divulgador e historiador de la ingeniería. Durante décadas ha estudiado la evolución histórica de los puentes, sus técnicas constructivas y su significado cultural. Obras como Tierra sobre el aguase han convertido en referencias imprescindibles para comprender la historia universal de los puentes y, en un sentido más amplio, la historia de la propia ingeniería.
Por eso el reconocimiento que hoy le rendimos trasciende la admiración por una brillante carrera profesional. Reconocemos al gran proyectista de puentes, pero también al profesor, al historiador y al humanista de la ingeniería.
Reconocemos a una persona que ha sabido transmitir que los puentes no solo sirven para salvar obstáculos, sino también para conectar territorios, culturas, historias y personas.
Reconocemos igualmente una manera de entender la profesión: rigurosa en lo técnico, abierta al mundo, comprometida con la sociedad y plenamente consciente de la dimensión humana de la ingeniería.
Querido Leonardo: Esta Escuela fue parte de tu formación y de tu trayectoria. Hoy tu trayectoria pasa a formar parte permanente de la memoria institucional de esta Escuela.
A todos los que hoy nos acompañáis, y muy especialmente a los amigos y compañeros de la Fernández Casado que habéis querido estar presentes, gracias por compartir este momento con nosotros. Vuestra presencia recuerda algo importante: detrás de toda gran trayectoria profesional existen siempre equipos, afectos, amistades y complicidades humanas que ayudan a hacer posible el trabajo de una vida.
Quiero agradecer también muy especialmente a Antonio Martínez Cutillas que haya aceptado nuestra invitación para intervenir en este acto y compartir con nosotros su visión sobre alguien tan importante para él y para nuestra profesión.
Nuestra profesión puede ser exigente, compleja y dura. Pero de vez en cuando nos ofrece el privilegio de detenernos y reconocer a quienes la han ejercido con excelencia y con generosidad. Leonardo es, sin duda, una de esas personas.
Un ejemplo para los estudiantes que hoy comienzan su camino. Un ejemplo para quienes ejercen la profesión. Y un ejemplo para todos aquellos que creemos que la ingeniería puede y debe contribuir a mejorar la sociedad.
Querido Leonardo, es un honor para la Escuela contar desde hoy con tu presencia permanente en este Salón.
Y es una alegría sincera poder expresar públicamente nuestra admiración, nuestro afecto y nuestro agradecimiento.
Enhorabuena.
Muchas gracias.