Visita institucional a Canadá
Regresar de un viaje siempre implica una pequeña transformación. Al deshacer la maleta, uno no solo saca objetos o documentos, sino también impresiones, conversaciones y esa sutil certeza de que el horizonte se ha ensanchado un poco más. Acabamos de aterrizar de una visita institucional a Canadá, una experiencia especialmente fructífera que ha sido posible gracias al impulso decidido de EMT Madrid y al apoyo inestimable de la Embajada de España.
Durante estos días, hemos tenido la magnífica oportunidad de constatar la creciente relevancia que Canadá tiene hoy para nuestro sector. No se trata solo de cifras o contratos, sino de reforzar lazos en un país que se ha convertido en una pieza clave desde el punto de vista económico, tecnológico y, por supuesto, académico
Una afinidad de valores en un mundo complejo
Canadá se ha consolidado como un polo de enorme interés para las empresas españolas de ingeniería, movilidad e infraestructuras, y como un socio estratégico con el que compartimos valores fundamentales: innovación, sostenibilidad, excelencia técnica y una clara vocación de cooperación internacional. En un contexto global cada vez más complejo, encontrar países con los que exista esta afinidad resulta especialmente valioso.
Vivimos tiempos líquidos, contextos globales cada vez más complejos donde la incertidumbre parece ser la única constante. En este escenario, encontrar países con los que exista una afinidad profunda resulta especialmente valioso.
El encuentro académico: sembrar el futuro
Además de participar junto a EMT en un seminario celebrado en la Embajada, mantuvimos reuniones de gran nivel con algunas de las universidades más prestigiosas del país —McGill, Waterloo, McMaster y la Universidad de Toronto— con el objetivo de explorar vías de colaboración en investigación, movilidad de estudiantes y profesorado, y el desarrollo de programas conjuntos y dobles titulaciones. Estos encuentros han confirmado el enorme potencial que existe para construir alianzas académicas sólidas y de largo recorrido.
El triángulo de la confianza: Universidad y Empresa
Quisiera detenerme en una reflexión que considero vital. A menudo hablamos de la relación universidad-empresa, pero pocas veces nos paramos a analizar la fuerza del mensaje que proyectamos cuando caminamos juntos. En sistemas de educación superior tan dispares como el español y el canadiense, no siempre es sencillo encontrar esquemas de colaboración verdaderamente equilibrados entre universidades. Las burocracias, los ritmos y las prioridades a veces dificultan el entendimiento.
Sin embargo, cuando se construye ese triángulo de confianza entre instituciones académicas y empresas, la ecuación cambia. En este viaje, hemos tenido la fortuna de ir de la mano de gigantes como EMT, Acciona, Ferrovial, Cintra y Typsa, entre otras. Cuando la universidad acompaña a la empresa, y la empresa se apoya en la universidad, surgen oportunidades reales de beneficio mutuo que serían inalcanzables por separado.
Acompañar a nuestras empresas en su proyección internacional no solo refuerza su posición competitiva; da sentido pleno a la misión universitaria. Nos recuerda que no formamos ingenieros para el vacío, sino para transformar la realidad, para liderar proyectos que mejoran la vida de las personas en cualquier rincón del planeta.
La ingeniería española como vocación global
Para la Escuela de Ingenieros de Caminos de la UPM, participar en iniciativas de este calado trasciende lo meramente institucional; es una responsabilidad que asumimos con orgullo. Forma parte de nuestro adn y de nuestro compromiso inquebrantable con la internacionalización, con el apoyo a nuestras instituciones y empresas, y con la apertura de nuevas oportunidades para el talento que pulimos cada día en nuestras aulas.
La ingeniería civil española es hoy un referente internacional indiscutible. Hemos logrado exportar no solo infraestructuras, sino una manera de hacer las cosas, una capacidad técnica y de gestión que es admirada globalmente. Su ámbito natural de actuación es el mundo entero. Esto nos exige, como formadores, una visión estratégica, una cooperación leal y una mentalidad genuinamente global. No podemos conformarnos con mirar hacia dentro; debemos levantar la vista y entender que el aula termina donde acaba el horizonte.
Gratitud y compromiso
Al cerrar estas líneas, no puedo sino sentir un profundo agradecimiento hacia todas las personas e instituciones que han hecho posible este viaje. Muy especialmente a EMT, por su iniciativa y liderazgo; a la Universidad Politécnica de Madrid, por ser siempre soporte y guía; y, en especial, a la Embajada de España en Canadá, por una preparación y acompañamiento impecables.
Ha sido un verdadero privilegio contar con vuestra cercanía, profesionalidad y compromiso, señor Embajador. Vuestra labor teje la red sobre la que luego nosotros, ingenieros y académicos, podemos construir. Regresamos con la maleta llena de ideas y con la certeza de que, aunque el Atlántico nos separe, hay puentes invisibles, hechos de voluntad y conocimiento, que nos mantienen unidos.