Plaza de Catedrático

—¿Has tomado ya posesión como catedrático?

—Aún no, hay que esperar a que salga en el BOE, tardará unas semanas

—Ya decía yo, porque aún no había oído nada en el telediario…

Mi padre, con noventa años, no termina de ubicar bien qué significa hoy ser catedrático de universidad… Aunque, en el fondo, la importancia de las cosas depende de lo que significan para cada uno y, a esa edad, la autoridad para decidir qué es importante la tiene más que ganada

Dudé bastante de invitarlo a la oposición. No me gusta que se salga de su rutina, pero sabía que para él iba a ser un día inolvidable. Además, aunque solo se han visto tres veces en momentos puntuales, él siempre ha sentido que tiene una relación especial con mi director de tesis, Manuel Elices. Por eso, cuando supe que Manolo también vendría, me animé a decírselo. Verlos a los dos juntos darse un abrazo de nuevo, quizá por última vez, es ya un recuerdo imborrable

Antes, la cátedra estaba asociada a una idea clara, aunque difícil de medir: autoridad académica en una materia. Hoy ser catedrático es un rango asociado a la persona y se identifica con haber alcanzado en tu trayectoria un determinado nivel de producción científica medible. Para muchos, es una cuestión de tiempo, de completar requisitos: algunos llegan antes, otros después

En mi caso, siempre asumí como posible que no llegara nunca. Muy pronto pasé a ocupar cargos de gestión intensos. El resultado es que me fui separando de la investigación y algunos mínimos necesarios de la trayectoria investigadora los cumplo por los pelos

La universidad es una organización compleja que funciona gracias a un equilibrio delicado entre docencia, investigación y gestión. Pero cuando uno observa cómo se construyen las carreras académicas, ese equilibrio desaparece: la investigación concentra la mayor parte del reconocimiento

Soy un defensor a ultranza de que quienes deben dirigir las universidades somos los académicos. Pero también creo que necesitamos hacer atractiva la carrera en gestión, y con urgencia: que gente buena quiera dedicarse a ella, que pueda formarse específicamente y que no penalice su trayectoria. Nos jugamos mucho en eso

Es verdad que hay una cierta selección natural y, pese a las críticas habituales, en mi experiencia me he encontrado con gestores universitarios extraordinarios. Pero también tengo la sensación de que ese equilibrio es cada vez más frágil. Y el riesgo de quedarnos sin relevo en gestión es una amenaza real

Yo comencé en gestión porque un día mis jefes me dijeron que me necesitaban para poner en marcha el grado de materiales. Era el momento de la LOMLOU y el RD1393 que marcaban la adaptación a Bolonia. No reconoceríamos hoy la universidad de hace veinte años

Al final, digámoslo así, soy catedrático por los pelos y gestor por casualidad. Pero he tenido el privilegio de vivir desde dentro una enorme transformación de la universidad, con sus luces y sombras. Años intensos y llenos de lecciones. Lo volvería a hacer sin dudarlo