Agua de Madrid

Sigo convencido de que uno de los retos fundamentales para el futuro de la Escuela es fortalecer el vínculo entre Madrid, sus infraestructuras y nuestra institución. No se trata solo de una estrategia de visibilidad, sino de una cuestión de identidad: reafirmar el papel de la Escuela como un actor central en la construcción física, social y cultural de la ciudad.

Ese vínculo, históricamente evidente pero en ocasiones desaprovechado, es clave para preservar nuestra relevancia institucional, nuestro prestigio profesional y nuestra capacidad de atracción. Madrid es un escaparate internacional. Y la Escuela, que ha contribuido como pocas al desarrollo de sus grandes obras públicas —desde el Canal de Isabel II hasta el Metro, desde las grandes infraestructuras viarias hasta la ordenación territorial— debe seguir formando parte activa de ese relato. No por nostalgia, sino por proyección.

Pero este trabajo no se resuelve con una acción puntual, ni con un gran gesto aislado. Requiere constancia. Lo importante es el goteo continuo, la repetición disciplinada, casi machacona, de una idea que vaya calando con naturalidad en nuestro entorno. Una narrativa que vincule lo urbano con lo técnico, lo patrimonial con lo contemporáneo, la ciudad con su ingeniería.

Como muestra, un botón: el post que lanzó el equipo de Comunicación de la Escuela con motivo de San Isidro. Puede parecer una anécdota, pero creo que expresa con acierto esa imagen que estamos tratando de construir: una Escuela arraigada en la ciudad, capaz de mirar con afecto a sus tradiciones y con ambición a sus retos; cercana a Madrid no solo geográficamente, sino también simbólicamente. Puedo decir que me gusta mucho porque yo no participé para nada, lo hicieron sin contar conmigo. Es en ese tipo de gestos donde se empieza a sedimentar una idea de fondo. Y esa idea es que la Escuela forma parte de Madrid, y Madrid de la Escuela.

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175 aniversario de la constitución del Canal de Isabel II

 En 1848, Isabel II pide a dos ingenieros de la Escuela, Juan Rafo y Juan de Ribera, la redacción de un proyecto que pusiera fin al problema de abastecimiento que acuciaba a Madrid. Así, ambos proyectaron la construcción de una presa, un depósito y un canal que eran suficientes para abastecer con agua del río Lozoya a cinco veces la población de Madrid en aquel entonces.

A Juan Bravo Murillo, presidente del Consejo de Ministros, le entusiasmó la propuesta. El ministro concluyó que era el momento de llevar a la realidad el anteproyecto de Rafo y Ribera. Su aprobación se hizo definitiva, mediante Real Decreto el 18 de junio de 1851. El decreto disponía la construcción de un embalse y de un canal de más de 70 kilómetros de longitud que llevase hasta Madrid el agua del río Lozoya y se convertiría en el punto de partida de lo que hoy conocemos como Canal de Isabel II.

El año 2026 marcará, por tanto, el 175 aniversario del Canal de Isabel II, una institución clave para el desarrollo de Madrid y, a su vez, profundamente ligada a la historia y la identidad de nuestra Escuela. El Canal tiene previsto celebrarlo a lo grande —como corresponde a una entidad de esa envergadura y legado—, y sería extraordinario que la Escuela pudiera sumarse activamente a esa conmemoración.

En línea con el trabajo que venimos realizando para reconectar la Escuela con las grandes instituciones de las infraestructuras de Madrid, durante el primer semestre de 2025 iniciamos un acercamiento institucional al Canal. El objetivo no era solo retomar la relación, sino explorar fórmulas de colaboración que tengan continuidad y sentido estratégico.

Una de las primeras acciones conjuntas fue posible gracias al apoyo de la Fundación Miguel Aguiló, y en particular a la implicación del profesor Jorge Bernabéu, a quien agradezco muy especialmente su compromiso. A través de esa colaboración, pusimos en marcha un proyecto de Aprendizaje-Servicio en el que nuestros estudiantes actúan como guías de visitas culturales a las grandes obras hidráulicas de Madrid. Una experiencia formativa que permite a los alumnos combinar conocimiento técnico, habilidades de comunicación y compromiso social, al tiempo que contribuyen a difundir entre la ciudadanía el valor patrimonial, histórico e ingenieril del Canal.

Este tipo de iniciativas nos permite tejer vínculos reales entre la ciudad y la Escuela, reforzar nuestra misión pública y generar impacto más allá del aula. El 175 aniversario del Canal puede ser, en ese sentido, una oportunidad extraordinaria para reivindicar ese papel histórico y proyectarlo hacia el futuro.

Post que preparé para el comienzo del proyecto

Este 2025 empezamos un nuevo proyecto Aprendizaje-Servicio de la Universidad Politécnica de Madrid en el que los estudiantes de la Delegación de Caminos UPM serán los guías de las obras hidráulicas de Madrid (arroyos y viajes de agua históricos, depósitos, acueductos, fuentes).

Cuando abrimos un grifo en casa, los madrileños disfrutamos de un agua fresca, ligera y de calidad excepcional. Su pureza y sabor se deben a su origen en los embalses de la Sierra de Guadarrama, donde el agua se filtra de manera natural a través de terrenos graníticos. Pero esto no ha sido siempre así. Hoy puede sonar increíble, pero hace 200 años la escasez de agua era uno de los principales problemas de Madrid, afectando su salubridad, limitando su crecimiento y amenazando su futuro como capital de España.

La construcción del Canal de Isabel II cambió esa realidad radicalmente. El 24 de junio de 1858 las aguas del Lozoya llegaban por primera vez a Madrid, culminando así una de las obras de ingeniería más importantes de su tiempo y transformando la vida de nuestra ciudad. Esa foto antigua de la fuente en San Bernardo, el “río poniéndose en pie”, es mucho más que un testimonio histórico: para mí, es un emblema de lo que es Madrid, de su capacidad para superar desafíos. Desde entonces, el Canal ha permitido que la población se multiplique por treinta sin renunciar a un suministro de agua abundante y de calidad.

Este proyecto de aprendizaje en servicio forma parte del magnífico trabajo que están realizando la Cátedra de Arte de la Escuela de Caminos UPM y la Fundación Miguel Aguiló para acercar a nuestros estudiantes y a la sociedad la importancia de la ingeniería civil en nuestro día a día y en nuestro patrimonio. Nos gustaría transmitir que el Canal de Isabel II es mucho más que la empresa que gestiona el agua de Madrid, es una parte fundamental de la identidad de la ciudad y de su historia. Ha dejado huella en la arquitectura, el paisaje y la vida cotidiana de los madrileños. Sus depósitos, acueductos y embalses forman parte del patrimonio urbano. No se puede concebir Madrid sin su Canal de Isabel II; una institución que ha dado forma a la ciudad y sigue asegurando su futuro.

La Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid, fundada en 1802, tuvo unos inicios difíciles. Cerrada por Fernando VII por motivos políticos, su prestigio resurgió gracias a figuras como Juan Rafo, Juan de Ribera o Lucio del Valle, cuya labor resultó clave para la construcción del Canal, y así fue percibido por la sociedad. De alguna forma, el Canal de Isabel II cimentó el prestigio de nuestra Escuela y el profundo vínculo de la Escuela con Madrid.

Hay un lazo invisible que une a Madrid con su Canal de Isabel II y su Escuela de Caminos a través de algo tan esencial como el agua. Gracias a Jorge Bernabéu por ponerlo de manifiesto.

Dejo aquí también la entrevista que le hicieron a Jorge

https://www.rtve.es/play/audios/en-clave-turismo/clave-turismo-rutas-guiadas-infraestructuras-hidraulicas-madrid/16560486/