Honor a Miyazaki

Aquella escena del tren sobre el agua… Ya han pasado casi 25 años. En 2002 acababa de terminar mi tesis doctoral y empezaba a dar clase en la Escuela. Ya llovió. Me encantaba el cine. Seguíamos cada estreno. Leíamos con devoción las críticas de Boyero, de Oti Rguez Marchante y, sobre todo, del gran Ángel Fernández Santos. Vivíamos los grandes festivales desde lejos, pero intensamente, a través de aquellas crónicas que convertían Cannes, Venecia o Berlín en lugares casi míticos

Recuerdo perfectamente el momento en que apareció una noticia inesperada: una película de animación japonesa acababa de ganar el Oso de Oro en Berlín

Es verdad que en aquellos años la animación atravesaba un momento extraordinario. Pixar había estrenado las dos primeras Toy Story. Pero aun así resultaba difícil imaginar que unos “dibujos animados” pudieran conquistar el festival más solemne. Y lo sorprendente era que los críticos no protestaban. Ni siquiera Boyero. Parecían conmovidos por El viaje de Chihiro

Poco después pude verla. Y yo también me enamoré de aquella película. Todavía conservo una pequeña figura de Kaonashi (Sin Cara) que conseguí en un viaje a Japón, y recuerdo que durante mucho tiempo tuve colgado en mi cuarto un fotograma de la escena del tren

Aquella escena sigue siendo lo primero que me viene a la cabeza cuando uno cine e ingeniería civil: Una pequeña estación. Un tren antiguo y silencioso avanzando sobre raíles apenas visibles bajo una extensión infinita de agua tranquila. Chihiro sube al tren y se sienta junto a la ventana. Y entonces la película se detiene. Durante minutos no ocurre nada. El tren avanza. La tarde se apaga

La escena produce una emoción difícil de explicar. Porque el tren no parece dirigirse a un lugar físico. Parece avanzar hacia la madurez. “Antes el tren circulaba en ambas direcciones, pero ahora es un viaje solo de ida”. Ciertos viajes solo pueden hacerse una vez, one-way ticket

En las películas de Miyazaki las infraestructuras siempre juegan un papel silencioso pero esencial en la vida emocional de los personajes. Nunca aparecen únicamente como objetos técnicos ni como demostraciones de poder. Son lugares de tránsito, de memoria, de separación, de aprendizaje y de transformación. Pocos cineastas han entendido tan bien la dimensión humana de las infraestructuras

Una lección para quienes tenemos la tentación de explicar nuestra profesión casi exclusivamente desde la magnitud, la tecnología o la eficiencia. La ingeniería civil consiste, en el fondo, en organizar silenciosamente la experiencia humana del tiempo, la distancia y el territorio

Hace unos días, leyendo el fallo del jurado del Premio Princesa de Asturias sobre Studio Ghibli, me pareció que no estaban reconociendo únicamente su incuestionable excelencia artística y técnica, sino también esa forma particular de mirar el mundo: más humana, más contemplativa y profundamente sensible al paisaje, al paso del tiempo y a las relaciones entre las personas.

Honor a Miyazaki