Entrega de diplomas 24/25 (marzo del 26)
Un año más, en el mes de marzo, hemos celebrado en la Escuela la entrega de diplomas, en esta ocasión correspondiente a la promoción del curso 2024/2025.
El contexto no era sencillo. La situación política actual, especialmente en el ámbito nacional, invita a ser prudente en determinados equilibrios institucionales. Por ello, optamos por centrar el acto en el ámbito de la Comunidad de Madrid, reforzando una relación que, más allá de lo coyuntural, es estructural para nuestra Escuela.
Contamos con la presencia del viceconsejero de Transportes e Infraestructuras —en representación del consejero, que excusó su asistencia pocos días antes—, del CEO de Metro de Madrid y del director general de Infraestructuras. Su participación no fue solo protocolaria: reflejó una realidad muy concreta, que es la intensidad de la actividad en infraestructuras que hoy se está desarrollando en Madrid.
El acto, como siempre, tuvo ese carácter entrañable que lo hace especial. Es uno de esos momentos en los que la Escuela se reconoce a sí misma: estudiantes, familias, profesores, instituciones y empresas compartiendo un mismo espacio y un mismo significado. Esta vez el discurso de la número 1 fue extraordinario. Al nivel de cómo es ella.
Había cierta incertidumbre sobre la respuesta de las empresas, pero ocurrió justo lo contrario: asistieron más que nunca. Y ese dato, más allá de lo anecdótico, es relevante. Indica que Madrid está en un momento de gran dinamismo en el ámbito de las infraestructuras, y que nuestras titulaciones siguen siendo percibidas como una cantera de talento altamente demandada.
En mi intervención quise insistir en una idea que considero central: la relación entre Madrid y la Escuela de Caminos no es circunstancial, es histórica y estructural. Madrid no se entiende sin sus infraestructuras, y muchas de ellas han sido concebidas, desarrolladas o gestionadas por ingenieros formados en esta Escuela. Esa conexión sigue plenamente vigente hoy.
Pero también quise trasladar un mensaje claro a las empresas.
Vivimos en un entorno cada vez más competitivo por el talento. Nuestros egresados tienen oportunidades crecientes, dentro y fuera de España, en sectores muy diversos. Si queremos que ese talento permanezca, no basta con ofrecer condiciones económicas competitivas —que son necesarias—. Hace falta algo más.
Hace falta ofrecer proyectos interesantes, entornos de trabajo exigentes pero estimulantes, capacidad de aprendizaje, reconocimiento, y una cierta idea de propósito. Las nuevas generaciones valoran cada vez más estos elementos, y las organizaciones que sepan entenderlo estarán en mejor posición para atraer y retener a los mejores.
En el fondo, de eso trata también este acto.
No solo de cerrar una etapa, sino de abrir otra. De conectar a nuestros egresados con el entorno profesional en el que van a desarrollar su carrera. Y de recordar, a todos —instituciones, empresas y universidad—, que la formación de talento es un esfuerzo compartido.
A continuación recojo un extracto de mi discurso:
Extracto del discurso para la entrega de diplomas 2024-25
Madrid, esta gran ciudad que nos cobija, está situada en una posición estratégica en los mapas, pero su geografía no es especialmente propicia para albergar una gran metrópoli de siete millones de personas.
Hay ciudades cuya identidad se reconoce en su paisaje: por su gran río, su puerto o una geografía privilegiada. Madrid, en cambio, tiene algo distinto. Una parte muy importante de su carácter está ligada a sus infraestructuras.
Una capital interior, sin puerto ni gran río navegable, situada en una meseta relativamente austera. Para convertirse en una gran ciudad ha tenido que construir, especialmente a partir del siglo XIX, cuando su crecimiento se acelera, sistemas capaces de traer recursos, conectar territorios y sostener la vida urbana.
En cierto modo, Madrid no se ha apoyado en la naturaleza para crecer; se ha apoyado en la ingeniería. Y muy especialmente, en la ingeniería de caminos.
Esta Escuela fue fundada en 1802 y desde sus inicios ha estado profundamente vinculada a esta ciudad y sus retos.
El Canal de Isabel II permitió, hace ahora 175 años, traer agua desde decenas de kilómetros de distancia y transformar radicalmente las condiciones de vida de la ciudad. Aquella fue una de las primeras grandes obras impulsadas por ingenieros formados en esta Escuela.
Después vinieron otros ingenieros de caminos que definieron su forma urbana, como Carlos María de Castro, que proyectó el Ensanche de Madrid, dando lugar a barrios como Salamanca o Chamberí y dibujando la estructura de la ciudad moderna que hoy conocemos.
Permítanme hacer aquí un breve inciso para recordar y evitar olvidos involuntarios: el gran Ildefonso Cerdá, cuya efemérides celebramos este año y que es justo emblema de la ciudad de Barcelona, también estudió aquí en esta Escuela.
Hace algo más de 100 años, cuando Madrid contaba con apenas 600.000 habitantes, Carlos Mendoza, Miguel Otamendi y Antonio González Echarte, tres ingenieros de esta Escuela, presentaron al Ministerio de Fomento un proyecto de red de metro de unos 14 kilómetros. Aquello fue el origen del Metro de Madrid, uno de los primeros grandes sistemas metropolitanos de Europa y el que permitió que la ciudad se expandiera de forma ordenada. Hoy sigue siendo, sin duda, uno de los mejores metros del mundo.
Más tarde, la red radial de carreteras y, ya en tiempos más recientes, la red de ferrocarriles de alta velocidad consolidaron a la ciudad como el gran nodo de conexión del país. Y en las últimas décadas, proyectos como la ampliación del Metro, la transformación de la M-30 o el desarrollo del aeropuerto de Barajas han reforzado ese papel de Madrid como gran plataforma de movilidad y de intercambio.
Cada gran salto de la ciudad —su expansión, su modernización, su apertura internacional— ha estado asociado a un nuevo sistema de infraestructuras. Madrid es, en buena medida, una ciudad que se explica a través de ellas.
Por eso, pocas instituciones han influido tanto en la vida cotidiana de los madrileños como esta Escuela. Generación tras generación, nuestros ingenieros e ingenieras han acompañado a Madrid en sus grandes retos, ayudando a sostener su crecimiento y a mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos.
Cuando Madrid se plantea nuevos retos de movilidad, de agua, de energía o de vivienda —porque hoy la vivienda es también una infraestructura esencial de la ciudad—, está abriendo el campo en el que nuestros ingenieros e ingenieras pueden desplegar su talento. Madrid es, como decía una vieja canción, la medida de nuestros sueños.
Las grandes ciudades avanzan cuando se atreven a ser ambiciosas. Y Madrid, sin duda, está recuperando esa ambición en materia de infraestructuras.
Permítanme reconocer aquí el trabajo que la Consejería ha realizado en estos últimos años y que todo nuestro sector, aquí representado, aprecia. Estoy seguro de que esa ambición será decisiva para garantizar el brillante futuro de la ciudad y la calidad de vida de los madrileños.
Pero, sobre todo, siéntanse respaldados en esa ambición. Pueden contar con un auténtico ejército de ingenieros e ingenieras que ponen su talento al servicio de la ciudad y de sus ciudadanos.
Créanme: los habrá tan buenos como ellos en el mundo, pero no mejores.
Ciudad, administraciones públicas, empresas y universidad formamos juntos un ecosistema extraordinario para imaginar, diseñar y construir las infraestructuras del futuro.
Seamos, pues, ambiciosos trabajando juntos. Madrid y los madrileños —los que nacimos aquí y los que llegaron un día y la hicieron también su casa—, sin duda, lo merecen.
Me gustaría dirigir unas breves palabras para las empresas españolas que son un referente mundial en ingeniería.
Mantener vuestra posición de liderazgo internacional dependerá de que seáis capaces de abordar los nuevos desafíos ambientales, sociales, económicos, geopolíticos y tecnológicos. Contad con la Escuela para enfrentarlos y, sobre todo, con el talento de nuestros ingenieros e ingenieras.
Sois parte de nuestra identidad. Siempre hemos tratado de acompañar vuestro camino. Hace años ya que viajamos con vosotros allá donde más nos necesitéis, ya sea Latinoamérica, EEUU, Australia, Canadá o Filipinas. Hoy nuestros ingenieros os acompañan con éxito por todo el mundo.
Vosotros necesitáis talento. Y hoy nosotros os lo traemos de nuevo. Con los ojos cerrados, os recomendamos a nuestros egresados. Sabemos cómo se han formado, conocemos el esfuerzo que hay detrás de cada uno de ellos y tenemos la certeza de que no os arrepentiréis si decidís incorporarlos a vuestros equipos.
Pero permitidme también una petición: cuidadlos. El talento no solo se atrae; también se cultiva, se acompaña y se hace crecer.
Cuando contratéis a uno de los nuestros recordad que os lleváis a alguien preparado para asumir responsabilidades, para aprender, para innovar y para seguir construyendo, con vosotros, las infraestructuras y los materiales que nuestra sociedad necesita. Y eso tiene mucho valor. Hoy más que nunca, el talento es la clave del futuro.