Viajes a Shanghai y París en noviembre de 2024

Viajo poco. No porque no me parezca importante —al contrario—, sino porque el núcleo de mi trabajo está, hoy por hoy, aquí, en Madrid, y también porque, en lo personal, no me resulta sencillo compaginar los viajes con mis responsabilidades familiares. Eso no significa que no valore profundamente la dimensión internacional de nuestro trabajo. Más bien al contrario: si logramos situar a la Escuela donde creo que debe estar, una parte esencial de mis funciones estará fuera de España, como ha sido el caso de otros directores, como mi compañero de la ETSAM. Pero antes, soy muy consciente de que hay cambios internos que abordar, procesos que requieren cercanía, escucha, impulso directo. Y ese trabajo, al menos en esta etapa, me exige estar aquí.

Dicho esto, el pasado mes de noviembre tuve ocasión de concentrar dos viajes importantes. El primero, a Shanghái, para participar en la celebración del 110 aniversario de la Escuela de Ingeniería Civil de Tongji University, que hoy ocupa el número uno en el ranking mundial de nuestro ámbito. El segundo, a París, para devolver la visita que me hizo en 2023 Anthony Briant, director de la histórica École des Ponts, uno de nuestros referentes más cercanos y una escuela con la que compartimos mucho más que nombre.

Ambos viajes fueron intensos, enriquecedores y profundamente inspiradores. Viajar es bueno, te ayuda a pensar, a ganar perspectiva, a tomar distancia de lo inmediato y ver con más claridad el lugar que ocupa —y puede ocupar— tu institución en el mundo. Confieso que lo echo de menos. Durante los últimos veinte años, en los que he estado muy vinculado a la gestión universitaria, he tenido el privilegio de viajar con frecuencia y conocer el funcionamiento de muchas universidades de todo el planeta. Y siempre he aprendido algo. Siempre he vuelto con ideas.

A mi regreso, me hicieron una entrevista para la web de la Escuela. No recuerdo bien cómo se publicó —probablemente en versión reducida—, pero he querido recuperar aquí la versión completa, más cercana al tono de conversación que mantuvimos entonces. En ella se refleja con bastante fidelidad mi visión sobre cómo la Escuela debe trascender el ámbito nacional y proyectarse hacia el exterior, sin complejos, con ambición, y desde la certeza de que tenemos mucho que aportar en el escenario global de la ingeniería.

La internacionalización, para mí, no es una opción ni una estrategia más: es una forma de entender el presente y de prepararnos para el futuro. Pero antes de mirar hacia fuera, tenemos que hacer bien el trabajo dentro. Consolidar, revisar, renovar y cuidar lo que somos. Solo así podremos proyectarlo con autenticidad hacia el mundo.


Entrevista interna para la web de la Escuela

En el mes de noviembre, el director de la Escuela, José Miguel Atienza, realizó un viaje institucional a China y Francia, para visitar a dos de las mejores escuelas de ingeniería civil del mundo: la de la Universidad de Tongji en Shanghai y la École de Ponts et Chaussées de París. Hablamos con él sobre la importancia de este viaje y sobre la estrategia internacional de la Escuela.

Háblenos en primer lugar del viaje a China.

La Universidad de Tongji me invitó a la celebración del 110 aniversario de su Escuela de Ingeniería Civil a mediados de noviembre. Fueron apenas tres días, pero muy intensos. En el primero tuve la oportunidad de asistir a dos workshops internos: “Fórum sobre Resiliencia de Sistemas de Infraestructuras Críticas Urbanas” y “Fórum sobre Control de Inundaciones Urbanas y Capacidad de Drenaje”. Aunque eran reuniones más bien nacionales, me parecieron muy interesantes y en ambas estuvo muy presente la DANA de Valencia. El segundo día fue la celebración del aniversario de su escuela, en la que me invitaron a impartir una conferencia en una sesión con directores de otras escuelas internacionales. La sesión se llamaba “From Civil Engineering to Civilization”. Allí estaban ETH Zurich, Cambridge, Torino, UCLA, Hong Kong, New South Wales,… Fue muy interesante. Yo impartí una charla titulada: The Spanish approach to education in Civil Engineering. El tercer día pude disfrutar de primera mano de la inauguración del nuevo laboratorio de Tongji para “Mitigación de desastres múltiples”, una instalación impresionante. Si a eso le unes que siempre aprovechamos cualquier visita para cenar con los estudiantes de la UPM que tenemos allí y con las autoridades de la embajada, pues, sinceramente, fue una paliza. Pero, sin duda, mereció la pena. Allí se reunieron algunas de las mejores escuelas de ingeniería civil del mundo y era importante para nuestra escuela estar presente.

Y a continuación, a París…

En efecto, a continuación enlacé directamente con un viaje a París. Una visita institucional de tres días con parte de mi equipo de dirección. La idea era devolver la visita que nos hizo a Madrid justo hacía un año el director, Anthony Briant y una nutrida delegación de la École des Ponts et Chaussées. Cualquiera que conozca y tenga cariño a nuestra Escuela sabe la importancia que para nosotros tiene nuestra herencia e identidad. Esa identidad, que en el fondo se plasma en una visión compartida de la educación en ingeniería, tiene sus orígenes en la École des Ponts, nuestra alma mater. Siempre es un privilegio volver a Ponts. Fueron tres días fantásticos, inolvidables, nos dieron un trato excepcional.

Creo que estamos en un muy buen momento en las relaciones entre las dos instituciones. Pero lo más importante es que no sólo estamos hablando sobre nuestro pasado común, sino también mirando hacia un futuro lleno de nuevos proyectos conjuntos. Hace más de 35 años, École des Ponts y CaminosUPM fueron pioneros en uno de los primeros programas de doble titulación en ingeniería, una colaboración que continúa produciendo ingenieros extraordinarios. Hoy, estamos trabajando juntos para integrar habilidades digitales en nuestro campo y posicionarnos a la vanguardia de la educación en ingeniería civil. Además, estamos uniendo fuerzas para allanar el camino para las Universidades Europeas del futuro, adoptando los principios esbozados en el Blueprint for a European Degree publicado recientemente por la Unión Europea.

Después de más de doscientos años de relación, por qué ahora tantos nuevos proyectos con la École des Ponts.

Bueno, yo creo que es más bien Europa la que nos ha cambiado el paso. En 2019 la UE lanza de nuevo un proyecto ambicioso en educación superior: la Iniciativa de las Universidades Europeas. El objetivo es generar unas sólidas alianzas transnacionales de instituciones de educación superior que tengan la ambición de actuar, en muchos aspectos, como una única universidad en el futuro. Al desarrollar una cooperación estructural, estratégica y sostenible a largo plazo, la iniciativa tiene como objetivo mejorar la competitividad internacional de las instituciones de educación superior en Europa y promover los valores y la identidad europeos.

Europa vuelve a asumir el papel de “game-changer” en el ámbito de la educación superior, como ya lo hizo con el programa Erasmus o el Acuerdo de Bolonia. ¿Es la apuesta correcta? Quién sabe. Pero no creo que exista una única apuesta correcta y muchas veces es más importante el movimiento en sí mismo. Viví muy de cerca la puesta en marcha de las Universidades Europeas durante mi etapa de vicerrector, de hecho, tuve que asumir la labor de liderazgo de la propuesta que coordinó la UPM (EELISA) en la que también participa la École des Ponts. Los inicios fueron titubeantes y cuatro años después, los consorcios existentes todavía se encuentran lejos de la idea de una Universidad Europea, pero también el Proceso de Bolonia y el programa Erasmus fueron vacilantes en sus inicios y hoy son incuestionables en su impacto.

Para mí no hay vuelta atrás, Europa nos ha puesto otra vez un paso por delante del resto, y debemos aprovecharlo. ¿Hacia dónde nos dirigimos? Quizá eso es más difícil de visualizar, pero yo diría que ya empezamos a tener indicios suficientes. En abril de 2024, Iliana Ivanova, la Comisaria Europea de Educación Superior, presentaba con mucha fuerza el nuevo plan para el desarrollo de los títulos europeos (Blueprint for a European Degree). Vamos claramente hacia títulos conjuntos europeos. Y tanto la École des Ponts como nosotros estamos decididos a aprovechar la oportunidad que supone compartir Universidad Europea. El título de Digital Twins es el primer título conjunto de EELISA y estamos trabajando en cosas más ambiciosas aún.

En un contexto global de la educación superior cada vez más complejo y competitivo y lleno de incertidumbres, es profundamente gratificante caminar de la mano de una institución que comparte nuestra visión y con quien disfrutamos de un vínculo de confianza tan fuerte.

La École des Ponts es una de las escuelas más antiguas y respetadas. Pero ¿por qué China? ¿Cómo es el nivel de la ingeniería civil en China?

Uno de los más avanzados del mundo. China ha logrado consolidarse como una potencia global en infraestructuras, impulsada por su rápido desarrollo económico y grandes inversiones en proyectos de construcción a gran escala. En los últimos años, además, la ingeniería civil china se ha proyectado al exterior a través de iniciativas como la Nueva Ruta de la Seda, financiando y construyendo infraestructuras en Asia, América Latina, África y Europa. Esto ha permitido que las empresas de ingeniería civil chinas adquieran también experiencia internacional. Si miras la lista de los quince grandes grupos constructores de infraestructuras del mundo, cinco de ellos son chinos, y cuatro españoles.

En paralelo, el nivel de las universidades chinas y, en especial, de sus escuelas de ingeniería civil, también es muy potente. Tongji (Shanghai) o Tsinghua (Pekín) están ya reconocidas entre las mejores del mundo. Pero podría hablar de otras veinte universidades más con un alto nivel en ingeniería civil. Durante los últimos 30 años, la evolución de la educación superior en China es impresionante.

¿Cuál es la relación de la Escuela con China?

Lo primero es empezar diciendo que cuando salimos fuera somos fundamentalmente UPM. Necesitamos ser universidad para abrir el camino. Luego podemos transitar como escuela. Pero es importante tener esto en la cabeza.

Lo segundo es que cuando hablo de China, siempre hablo de historia. Puede parecer que soy un poco pesado, pero es que el “ahora” para ellos es demasiado débil. Solo eres relevante si tienes historia. Hace casi 25 años, la UPM apostó por acercarse a las universidades chinas. Aunque entonces aún se encontraban lejos del prestigio que tienen hoy, apostamos por la relación, el trabajo conjunto, la confianza y la amistad. Hoy, con presupuestos que suelen estar más de un orden de magnitud por encima de los nuestros, recuerdan bien lo que hicimos.

Hace 15 años abrimos un Campus conjunto con la UPC en la Universidad de Tongji (Shanghai). Fue una decisión muy importante, porque significaba establecer una presencia permanente y una plataforma desde la que extender nuestras relaciones con el resto de Asia. Con los medios que hemos dispuesto, que a veces han sido muy escasos, nunca hemos dudado de nuestra apuesta. El resultado es que a estas alturas somos, sin duda, una de las instituciones españolas con una mayor presencia en China, y ellos lo perciben así.  En el reciente viaje del presidente de Gobierno Pedro Sánchez a China, una de sus visitas fue a la incubadora de empresas que tiene la UPM en la Universidad de Tongji. Eso fue un mensaje muy potente, que no pasa desapercibido para los chinos. Apenas un par de meses después, el ministro de Educación de China acaba de devolver la visita a la UPM, precisamente a nuestra Escuela.

Por lo que se refiere a nuestra escuela, tenemos abiertas relaciones con las mejores universidades de ingeniería civil de China. Para ellos es evidente la importancia que tiene nuestra escuela, como símbolo o identidad de un sector muy potente como es el de la ingeniería civil española. Probablemente somos el único país que rivalizamos con ellos en este sector. Pero China es demasiado grande para nosotros, así que en los últimos años estamos intentado focalizar en las que, por confianza y por nivel, más nos interesan: Tsinghua en Pekín (la mejor universidad de China) y Tongji en Shanghai (la mejor en ingeniería civil y nuestros grandes “amigos”). Ahora mismo tenemos a un alumno realizando una doble titulación en ingeniería civil y otro en ingeniería de materiales en Tongji. Una profesora joven de la Escuela acaba de terminar una estancia en Tsinghua. A los tres pude verlos durante mi visita. La relación que tenemos entre los directores de escuela es bastante fluida también. Espero que ambos directores chinos nos visiten a lo largo de 2025.

Da la impresión de que fueron viajes importantes para la Escuela.

Bueno, yo creo que son significativos. Dan una imagen de dónde queremos estar, de donde estamos. La Escuela siempre se mueve entre dos mundos: el académico, al que pertenecemos, y el sector profesional de la ingeniería civil, que es el que recoge a la mayoría de nuestros egresados. En ambos ámbitos, el posicionamiento internacional resulta clave.

Por un lado, debemos ser conscientes de que hoy las universidades están siendo juzgadas en términos de dos marcos de referencia: el nacional y el global. Y por encima de las jerarquías nacionales ahora empiezan a predominar las globales. Resulta por tanto clave el posicionamiento internacional de la institución, que al final se refleja en quiénes son tus partners y cuál es tu relación con ellos. Por otro lado, el mundo de la ingeniería civil es global, y nuestras empresas líderes lo saben bien. Pocos sectores en España están tan internacionalizados como el nuestro. Hoy debemos formar a profesionales con visión internacional, preparados para trabajar en cualquier lugar donde haya un proyecto importante. Eso es lo que nos están demandando nuestras empresas, lo necesitan para seguir compitiendo en el mundo.

Por eso, la estrategia de internacionalización de la Escuela busca esas dos cosas: el posicionamiento internacional (estableciendo relaciones con las mejores universidades en nuestro ámbito) y el acompañamiento a nuestros estudiantes, a nuestros egresados y a nuestro sector empresarial allá donde lo necesiten. Esa doble misión es clave para entender que este año hayan pasado por Madrid el MIT, la École des Ponts, Tongji, Sao Paulo,… pero a la vez estemos reforzando con becas nuestro programa de doble título con EEUU y hayamos abierto por primera vez para la UPM dobles títulos con dos de las mejores universidades australianas, lugares estratégicos para la ingeniería civil española. Mi visión, desde luego, es que la Escuela debe tener visibilidad y ser respetada por las mejores del ámbito, pero a la vez debe tener los pies en la tierra y acompañar las estrategias de internacionalización de nuestro sector empresarial y seguir trabajando para que nuestros estudiantes tengan las mejores oportunidades, donde lo necesiten.

Un chino, un francés y un español, ¿de qué hablan los directores de escuelas de caminos cuando se toman un café juntos?

Jajaja. Pues de nuestros problemas, de nuestra vida, de nuestra familia. Aunque parezca mentira, nos unen bastantes cosas: en contextos nacionales muy diferentes, tenemos problemas muy similares.

Yo busco mucho esos espacios de confianza y relajación, entre otras cosas porque en algunas culturas son los únicos momentos en los que se puede hablar de cosas serias. También es donde yo me muevo mejor. Por ejemplo, es fantástico ver a nuestro subdirector Vicente Alcaraz en una reunión de trabajo formal de ese tipo, maneja la situación con enorme maestría. Yo aprendo viéndolo, pero desde luego prefiero espacios más informales. Cada uno tenemos nuestras estrategias, para mí es fundamental trabajar las relaciones personales. Anthony y yo somos solo dos granos de arena en una relación que ya lleva más de doscientos años entre la École des Ponts y la Escuela, es algo que está muy por encima de nosotros, pero en la medida en que nuestra relación personal sea fluida, eso puede ayudarnos a llevar el testigo mejor el tiempo que nos corresponda. Lo mismo puedo decir con Yang Li, la directora de Tongji. Son gente fantástica, en cualquier caso. Realmente es un privilegio ser director de la Escuela, te permite conocer a gente extraordinaria.

Siempre recuerdo que, en mi época de vicerrector de relaciones internacionales de la UPM, cuando presenté un informe anual de nuestra actividad en el claustro de la universidad, un claustral me sugirió que ya bastaba de viajar tanto, porque en los tiempos del “zoom” las relaciones internacionales se pueden hacer desde casa. Nada más lejos de la realidad. El factor humano es más importante que nunca.

¿Cuáles son esos “problemas comunes”?

 Yo hablaría de dos. Por un lado, la crisis de vocaciones. Aunque en España ha sido especialmente fuerte, en todo el mundo se ha producido una caída de vocaciones en ingeniería civil durante la pasada década. La buena noticia es que en general los directores somos optimistas respecto al futuro. Por ejemplo, mi colega de New South Wales daba datos de que en Australia las vocaciones en ingeniería civil ya superaban a las de ciencias de la computación. Eso cuadra con lo que estamos viviendo en la escuela. En apenas tres años, hemos pasado de 5 a 10 en nota de corte, siendo la escuela que más ha subido de la UPM. No obstante, como digo siempre, no hay tiempo para celebraciones. La universidad hoy es un ámbito muy complejo y competitivo.

El segundo problema es más difícil de verbalizar; es la defensa de la especificidad de nuestro ámbito y la identidad de nuestras escuelas en un mundo de la enseñanza superior que tiende cada vez más a la homogenización. La charla que di en Tongji iba sobre eso y generó algo de polémica. El resto de los ponentes se centraron más en aspectos relacionados con la investigación multidisciplinar. Delante de mí, por ejemplo, habló el director de ETH Zurich sobre sus nuevas instalaciones de investigación y sobre la interdisciplinariedad. Frente a eso, yo quería hablar más bien de lo importante que es la identidad de nuestras escuelas, la especificidad de la ingeniería civil y que hoy nuestra principal misión es formar ingenieros e ingenieras civiles, cada uno de acuerdo a su modelo, porque se necesitan, porque la sociedad los necesita. Aunque parezca mentira, el único que vino a felicitarme fue un CEO de una gran constructora china, que antes nos había reprochado a todos que no estábamos respondiendo a lo que ellos necesitaban. Sintomático.

El modelo de universidad centrada en la investigación y el papel de los profesores-investigadores se están consolidando como el paradigma dominante en la educación superior global. Este enfoque ha permeado las políticas educativas y se ha convertido en un estándar. Como resultado, es la norma que indirectamente establece expectativas de calidad en la educación superior en todo el mundo. Los principales rankings se basan en esas medidas. Conste que ese modelo es el mío (soy, más bien era, esencialmente un profesor-investigador). Pero me preocupa que su hegemonía esté impulsando la homogeneización en el sector universitario, donde las instituciones, independientemente de sus identidades, sus fortalezas o su contexto, tienden a adoptar un enfoque similar y único para ganar prestigio y financiación. Esta homogeneización puede provocar una pérdida de identidad y de diversidad en los modelos educativos, y sobre todo puede provocar una ruptura con lo que nos está pidiendo la sociedad. La diversidad en la educación superior es crucial para que los estudiantes encuentren instituciones que se ajusten a sus necesidades y aspiraciones específicas y para responder a las necesidades de un mercado laboral muy cambiante.

¿Puede explicar más esta segunda idea? ¿Cómo afecta eso a la enseñanza en ingeniería civil?

Yo creo que esta discusión es especialmente interesante en nuestro ámbito. A veces nos sorprende que las empresas no apuesten más por la investigación en nuestras escuelas, olvidando las demandas prácticas e inmediatas de una profesión que depende en gran medida del trabajo de campo y la resolución de problemas del mundo real. La ingeniería civil vive en una permanente interacción directa con el medio físico y geográfico, depende de normas y reglamentos locales y nacionales, necesita de experiencia en la gestión de proyectos a gran escala, tiene un impacto directo y visible en la sociedad y el medio ambiente y su visión del cambio climático es muy práctica: sencillamente, es lo que nos toca enfrentar en primera línea de fuego. Esa especificidad es importante respetarla.

¿Cuál es el peligro de no hacerlo? Todos los modelos generan sus monstruos. Como vicerrector de relaciones internacionales he tenido el privilegio de conocer muchas universidades de otros países. No voy a dar nombres, porque algunas son muy conocidas y tienen mucho prestigio, pero he visto escuelas y departamentos de ingeniería civil formados exclusivamente por un par de grupos de profesores, uno de materiales y otro de ecología. Sencillamente, eran los grupos fuertes en investigación, recibían todos los fondos y han acabado hipertrofiándose y absorbiendo al resto. El sistema lleva a que a la universidad le venga mucho mejor incorporar a un nuevo investigador en un área donde se es líder y se espera ganar más financiación que cubrir el perfil que se necesita en docencia.

Por lo que dice es una tendencia global, por tanto, difícil de parar. ¿Cómo afrontar ese problema? ¿Qué piensan las diferentes escuelas?

Bueno, yo creo que debes ser fiel a tu identidad y tus principios. Lo malo es que eso de la identidad y los principios, que suena muy bien, no está escrito en ningún lado. Lo tienes que ir descubriendo tú mismo. Por eso estas conversaciones entre directores son tan importantes, aprendes muchas cosas sobre tu propia institución.

Ojo, el binomio universidad-investigación es para mí incuestionable, solo trato de decir que no es lo único y no todo puede estar enfocado a eso. Es el marco, son las reglas del juego y tenemos que adaptarnos a ellas. No soy de pelear contra molinos de viento. Pero aún hay espacio para definir lo que quieres ser. Es necesario buscar un equilibrio entre las exigencias de un contexto global de educación superior y tu identidad y misión educativas. Aunque eso te pueda perjudicar en algunos aspectos.

Si yo preguntara a nuestros profesores cuál es la misión principal de la Escuela probablemente más del 90% me dirían que formar los mejores ingenieros e ingenieras de caminos para enfrentar los retos actuales de la ingeniería civil. Si la pregunta la hiciera Ali Jadbabaie, director del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental del MIT, a sus profesores estoy seguro de que el resultado sería diferente. Y ambas respuestas serían válidas y enriquecedoras.

Para mí la clave está en avanzar preservando el equilibrio entre las exigencias de un contexto global de educación superior que requiere investigación cada vez más multidisciplinar, la necesidad de abordar los nuevos retos de la ingeniería civil y las empresas líderes del sector y la identidad de un modelo que ha funcionado durante muchos años. No es fácil, es un equilibrio vivo, que evoluciona en el tiempo y requiere una tensión permanente, pero a la vez no hay tantas instituciones en el mundo que puedan jugar ese rol, y la Escuela es una de ellas. Equilibrio y tensión son palabras clave para mí.

No me resisto también a dar algunas ideas que yo creo que son básicas para enfrentar el futuro. En el viaje a China pude hablar bastante sobre esto con varios directores, luego en París también pude compartir impresiones con el director de la École y su equipo. En general, compartimos visión, ojalá algún día consiga convencerlos de escribirla en conjunto, sería un buen legado para nuestros sucesores. Estoy en ello. Hay una serie de principios básicos de cara al futuro que estamos cerca de compartir, pueden parecer obvios pero tienen profundas connotaciones:

– Transmitir una imagen actual, humana y comprometida de la ingeniería civil que permita atraer el mejor talento

– Defender la especificidad y la identidad de la ingeniería civil, que para nosotros es la ingeniería de caminos

– Creer en la ingeniería civil como poder transformador para el desarrollo de la sociedad

– Escuchar y responder a lo que nos pide la sociedad, no a nuestros propios intereses

– Enseñar a nuestros ingenieros e ingenieras a trabajar con los pies en la tierra, entendiendo el impacto que tiene su trabajo, pero sin miedo a las fronteras

– Reclamar el protagonismo de la ingeniería civil como disciplina clave para enfrentar algunos de los retos más importantes de los próximos años.

Antes ha dicho que el título de su conferencia en China fue: The Spanish approach to education in civil engineering. ¿Cuál es para usted ese enfoque español? ¿A qué se refiere?

Yo diría que se llama ingeniero e ingeniera de caminos. Es un “producto” muy español, Marca-España, que no tiene equivalencia sencilla fuera. ¿Cuáles son las características que lo definen? Podríamos pasar horas hablando de ello. Para empezar, la identidad no es algo fijo en el tiempo, va evolucionando. Pero por resumir, para mí las características diferenciadoras hoy deberían ser estas:

1- Una base sólida más allá de la especialización: buscamos un ingeniero versátil y transversal al ámbito de la ingeniería civil, no un especialista.

2- Forjamos resiliencia a través de una base común rígida, muy exigente y robusta, eso nos hace ir claramente contracorriente en el mundo de la flexibilidad académica.

3- Profundo vínculo con nuestro sector empresarial: fuerte presencia de la profesión en las aulas y la escuela.

4- Fuerte enfoque en ética, sostenibilidad, ingeniería humanitaria y servicio público: fundamental para la toma de decisiones responsable sobre acciones que afectan directamente el bienestar y la seguridad de la comunidad.

5- Fuerte enfoque en economía, project management y gestión de contratos para garantizar que los estudiantes comprendan la complejidad y el impacto económico y social de los proyectos de ingeniería civil.

6- Preparados para trabajar en todo el mundo (y en ambientes multidisciplinares y multiculturales).

Para mí, esas seis características forman una identidad única en ingeniería civil en el mundo. Si lo unes a Madrid, estás hablando de nuestra Escuela o de hacia dónde quiero que avance la Escuela. La relación con la ciudad de Madrid es también muy importante para nosotros en nuestra estrategia internacional.

Por supuesto, no estoy tratando de decir que el nuestro sea el único modelo adecuado de educación en ingeniería civil. Es simplemente algo que funciona para nosotros. Por ejemplo, tenemos muy buena relación con el MIT (Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental). Su modelo es completamente diferente. Juegan en otra liga. Viven en el futuro. Pero tienen derecho a hacerlo, son el MIT. Yo no puedo. Necesitamos mantener los pies en la tierra. Preparamos los profesionales que deben ser valorados por nuestras empresas. Ambas visiones son válidas y necesarias.

¿Por qué recalca que la relación con Madrid es tan importante para la Escuela cuando estamos hablando de las relaciones internacionales?

Ya, puede resultar raro hablar de posicionamiento internacional y decir que una de las claves para la Escuela está en su relación con Madrid. Pero en el fondo, todos asociamos a la École des Ponts con París o al MIT con Boston, ¿no? Las universidades, especialmente las públicas, somos instituciones longevas y resilientes, instituciones «ancla» («anchor institutions») fijadas a un lugar en un mundo en que las ideas, el capital y las personas circulan libremente sin atarse a nada. No solo generamos conocimiento y actividad económica, sino que además tendemos a no marcharnos, incluso en los malos momentos. Esa relación universidad-ciudad, que se establece en múltiples dimensiones, es clave para la identidad de las universidades, pero también para la ciudad.

Por ejemplo, el pasado mayo, en la entrega del Premio de Ingeniería Civil de la Fundación Entrecanales, que tratamos de que sea considerado el premio internacional más importante en su ámbito, se reunieron en Madrid los directores de algunas de las mejores escuelas de caminos del mundo, representando a todos los continentes: MIT (USA), Tongji (China), UTS (Australia), Ains Shams (Egipto), Sao Paulo (Brasil) y Ecole des Ponts (Francia). Buscábamos esa identidad escuela-ciudad como lugar de referencia internacional de la mejor ingeniería civil.

La identificación de la Escuela con Madrid es un valor muy importante para nuestro posicionamiento internacional. No solo por el atractivo de Madrid como ciudad, sino porque además Madrid es una referencia para el mundo por sus infraestructuras civiles. La Escuela de Caminos es, sin duda, una de las instituciones que mayor impacto ha tenido en nuestra ciudad. Su influencia directa e indirecta ha ayudado a llevar a cabo una profunda transformación de Madrid en los últimos doscientos años, dando soporte a su crecimiento y mejorando la calidad de vida de los madrileños hasta convertirnos en una referencia para el mundo.

Llegamos al final de la entrevista. Una conclusión del viaje…

Positiva. Yo creo que en general los directores de escuelas internacionales somos optimistas de cara al futuro. Enfrentamos una nueva era de la ingeniería civil. Alguna vez he escuchado algo parecido a Juan Santamaría, CEO de ACS, que tiene sin duda una visión más completa. Precisamente por eso, para mí el mensaje es, sobre todo, una llamada a la humildad. Lo que hemos vivido aquí en España en el último mes es abrumador. Así que no se trata de qué universidad es mejor que otra o qué modelo es el mejor. Se trata de una sociedad y un mundo que necesitan más ingeniería civil y de la misión que tenemos de formar a los mejores profesionales para afrontar esos retos. Debemos escuchar y responder, dos verbos incómodos para un sistema universitario que tiende a encerrarse en un mundo propio y autocontenido. Hoy, más que nunca, se requieren ingenieros e ingenieras de caminos que sean resilientes, responsables y con enorme capacidad de adaptación. Sabemos prepararlos.

En clave interna, yo diría que, en comparación a otros países, aquí necesitamos recuperar nuestra voz y nuestro lugar en la sociedad. Durante estas semanas, cuando leía los análisis de los medios, incluso nuestras propias intervenciones, me parecía que los ingenieros de caminos éramos ese jugador estrella al que un mal entrenador ha dejado injustamente en el banquillo: claro, si nos hubieran sacado a jugar no hubiéramos perdido el partido, pero la decisión no era nuestra. Yo no acabo de verlo así, creo que hemos sido entrenados para resolver problemas complejos. Y la parte técnica casi siempre es la más sencilla, al menos la más cómoda para nosotros. Ganarnos nuestro puesto en la alineación titular es también parte del problema a resolver. No podemos simplificarlo y quedarnos solo con lo que nos gusta. Recuperar nuestra voz en la sociedad y en la política forma parte de la complejidad que debemos enfrentar. Y para hacerlo probablemente necesitemos un sector más unido en torno a una voz y una estrategia comunes, es mi opinión. Sobre todo, necesitamos entender el enunciado del problema completo y resolverlo, si no, después de estas semanas de cierto protagonismo, volverán a olvidarse de nosotros. Seguro que todos los que han estudiado en la Escuela recordarán lo que respondíamos los de física en los exámenes cuando nos pedían aclaraciones de los problemas: entender el enunciado del ejercicio forma parte de la dificultad del examen.

Gracias por su tiempo. ¿Algún aspecto más que quiera resaltar?

No, yo creo que hemos dado un buen repaso al posicionamiento internacional de la Escuela. Quizá, aunque subyace en toda la conversación, recalcar que mi visión es que la Escuela debe trascender y atreverse a pelear en esa liga, tiene fuerza y prestigio para hacerlo, ese es nuestro campo de batalla, nuestro terreno de juego, como en el fondo es el terreno de juego de las grandes empresas españolas de nuestro sector, fundadas hace décadas por nuestros egresados. No es un movimiento de corto plazo, pero sí requiere decisiones importantes. Muchas gracias. Y feliz Navidad.