Bicentenario Betancourt

En 2024 se cumplió el bicentenario de la muerte de Agustín de Betancourt, una figura fundamental no solo para la ingeniería civil, sino para la historia de la ciencia, la técnica y la educación en nuestro país y en Europa. Fue fundador de la Escuela de Caminos, ingeniero visionario y, como bien ha sido recordado este año, cosmopolita por vocación y por destino.

Para conmemorar esta efeméride, el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos impulsó un esfuerzo extraordinario, que se tradujo en numerosos actos y publicaciones a lo largo del año. De entre todas estas iniciativas, merece una mención especial la exposición celebrada en la Biblioteca Nacional de España, bajo el título:

“Agustín de Betancourt 1758–1824. Fundador de la Escuela de Caminos y Canales. Ingeniero Cosmopolita.”

La muestra estuvo abierta del 6 de marzo al 16 de junio de 2024 y superó los 25.000 visitantes. Confieso que, aunque la Escuela de Caminos participó como entidad organizadora —aportando algunas obras de nuestra colección y colaborando modestamente en la financiación—, el auténtico impulso, la energía y la ambición del proyecto fueron del Colegio, al que debemos estar profundamente agradecidos. Para nosotros, fue relativamente fácil estar ahí y tratamos de aprovecharlo al máximo, fue un regalo generoso que siempre nos quiso llevar a su lado.

Y digo “regalo” con toda intención. Porque, aunque en la Escuela nos gustaría involucrarnos más a menudo en iniciativas culturales de esta envergadura, lo cierto es que el día a día nos absorbe por completo, y cuando logramos reunir recursos y energías para lanzar un proyecto, donde realmente nos estamos jugando el futuro es en los registros de los más jóvenes, en cómo conectamos con nuevas generaciones, en cómo hacemos que Betancourt y tantos otros no sean solo pasado, sino también inspiración de futuro.

Con motivo de la exposición, tuve el honor de intervenir en su inauguración en nombre del rector, de colaborar en la introducción del catálogo oficial, y también de participar en una entrevista para el número especial de la Revista de Obras Públicas, que se publicó a finales de 2024 —aunque debo decir que fue grabada bastantes meses antes, y al releerla, noto cierta distancia entre lo que quise transmitir entonces y lo que habría dicho ahora. Las recopilo a continuación porque creo que este conjunto de materiales refleja bien la dimensión múltiple de Betancourt: científico, ingeniero, maestro, gestor, innovador… un personaje que desafía etiquetas simples, y que nos obliga a repensar la ingeniería no solo como técnica, sino como visión, como política, como proyecto ilustrado de sociedad. Pero sobre todo, traté de resaltar el enorme valor de su gran obra, nuestra Escuela que, bajo mi punto de vista, trascendió a su creador.

Mirar a Betancourt es también una forma de mirarnos a nosotros mismos: de recordar que la ingeniería no nació encasillada en compartimentos, sino abierta al mundo, al conocimiento y al servicio público. En eso, quizá, todavía tengamos mucho que aprender de él.

Texto firmado por el rector Cisneros para el catálogo de la exposición de Betancourt en la Biblioteca Nacional

De Betancourt se habla en Rusia como инженер, зодчий, механик, государственный деятель, генерал русской армии, esto es, ingeniero, arquitecto, estadista, general del ejército ruso. Sin duda con estas brevísimas palabras queda definida la tamaña amplitud de la vida de nuestro personaje del que este año conmemoramos el doscientos aniversario de su muerte en San Petersburgo. Nos maravilla la profundísima repercusión del considerado padre de la ingeniería civil rusa en aquellas tierras tan lejanas.

También aquí la profesión del ingeniero de caminos hunde sus raíces en esa concisa pero densa descripción del personaje. Betancourt comprendió el modo de enseñar ingeniería y arquitectura en la l’École Nationale des Ponts et Chaussées de Paris. Desarrolló su propia idea de la enseñanza práctica a través de la mecánica y las máquinas y fundó la Escuela de Caminos y Canales en Madrid en 1802 que desplegó un peculiar modelo educativo basado en formar ingenieros versátiles y de largo recorrido, con una sólida formación básica y con conocimientos transversales a todos los ámbitos de la ingeniería civil.

Después de doscientos veintidós años desde su fundación, su modelo sigue vigente y su gran obra pervive. Hoy, la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid es uno de los mejores centros universitarios del mundo dedicados a la ingeniería civil, verdadero corazón de la industria española de la construcción de infraestructuras. Su influencia directa e indirecta ha ayudado a llevar a cabo una profunda transformación de nuestras infraestructuras, dando respuesta a las necesidades de una sociedad en continuo avance. Así mismo, sus ingenieros han sido claves para el desarrollo de un sector empresarial que ha superado con éxito el reto de la internacionalización, pudiéndose afirmar hoy en día que las grandes empresas españolas, en su mayoría fundadas y dirigidas por antiguos estudiantes de la Escuela, ocupan una posición de liderazgo internacional y sus proyectos, obras y concesiones se encuentran distribuidas por todo el mundo.

Por todo ello, esta exposición quiere ser una humilde muestra de gratitud de nuestra Universidad al genio e ingenio de uno de nuestros fundadores, don Agustín de Betancourt, y a su legado vivo y encarnado en nuestra Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid.

Discurso que pronuncié en la inauguración de la Exposición en la Biblioteca Nacional

Muchas gracias. Buenos días. Secretarios de Estado de Cultura y de Transportes, Director de la Biblioteca Nacional,Autoridades, amigos, amigas

Me gustaría comenzar mi intervención disculpando la ausencia de nuestro rector. Me consta que le hubiera encantado acompañarnos, como siempre ha sucedido cada vez que la figura de Betancourt se ha cruzado, de una u otra forma, en su agenda. Sírvame esto para remarcar que Agustín de Betancourt no es solo patrimonio de los Ingenieros de Caminos, sino que está muy presente para toda la Universidad Politécnica de Madrid que lo reconoce como uno de los fundadores de la enseñanza de la ingeniería en España.

Querría agradecer a la Biblioteca Nacional, al resto de los organizadores y muy especialmente al Colegio de Caminos, todo el impulso y el trabajo que nos ha llevado hasta el privilegio de estar hoy aquí. Personalizo en Miguel Ángel Carrillo, César Lanza y Daniel Crespo, con quienes más he podido tratar estos meses. Muchas gracias por hacer posible esta exposición.

Betancourt aprendió el modo de enseñar ingeniería en la l’École des Ponts et Chaussées de Paris. Querría hoy mencionar también el apoyo que ha dado nuestra alma mater a esta exposición, cediendo más de una decena de piezas de su archivo. Sé que su director, mi amigo Anthony Briant, estaría encantado de acompañarnos aquí y me gustaría trasladarle nuestro agradecimiento. Estoy seguro de que a don Agustín le encantaría saber que, dos siglos después, nuestras dos Escuelas siguen íntimamente unidas.

Finalmente, permítanme referirme a la gran obra de Betancourt, nuestra Escuela. Como estoy seguro de que él lo soñó, durante más de dos siglos, la Escuela de Caminos y sus ingenieros e ingenieras han estado al servicio de nuestra sociedad y han acompañado a nuestro país en sus retos principales;

  • Primero, ayudando a estructurar el territorio y el estado moderno en la segunda mitad del siglo XIX,
  • Luego, reconstruyendo un país hundido por la guerra hasta convertirlo al final del siglo XX en una referencia para el mundo en infraestructuras civiles,
  • permitiendo además el desarrollo de un sector empresarial que, ya en este siglo XXI, ha superado con éxito el reto de la internacionalización
  • hasta poder afirmar que actualmente las grandes empresas españolas, en su mayoría fundadas y dirigidas por antiguos estudiantes de la Escuela, ocupan una posición de liderazgo internacional y sus proyectos, obras y concesiones se encuentran distribuidas por todo el mundo.

Después de doscientos veintidós años desde su fundación, su modelo sigue vigente y su gran obra pervive. Hoy, la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid está reconocida como uno de los mejores centros universitarios del mundo dedicados a la ingeniería civil, verdadero corazón de una industria española que lidera la construcción de infraestructuras a nivel global.

Betancourt era un visionario, que creía en el poder transformador de la ingeniería para mejorar la vida de las personas y para construir un mundo más justo y próspero para todos. Ojalá esa visión siga inspirando a muchas generaciones de ingenieros e ingenieras de caminos.

Termino con palabras de mi rector: esta exposición quiere ser una humilde muestra de gratitud de nuestra Universidad a los sueños de uno de sus fundadores y a su legado vivo y encarnado en nuestra Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid.

Nada más. Muchas gracias y que disfruten de la exposición.

Entrevista en la Revista de Obras Públicas (versión “en bruto”, luego fue muy recortada para la versión final en la revista)

José Miguel Atienza es doctor ingeniero de caminos, canales y puertos y profesor del departamento de Ciencia de Materiales de la Universidad Politécnica de Madrid desde hace 25 años. Desde 2006 ha venido ocupando ininterrumpidamente diferentes cargos unipersonales de responsabilidad en gestión universitaria a nivel de Escuela y de Universidad. En 2022 fue elegido director de la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid. Anteriormente ha sido Vicerrector de Estrategia Académica e Internacionalización de la UPM, responsable de las relaciones internacionales y la cooperación al desarrollo de toda la universidad durante el periodo 2016-2020.

Investigador en el área de Materiales Avanzados, con cerca de 50 artículos en revistas científicas internacionales y participación en más de 30 proyectos de investigación en convocatoria pública y contratos con empresa, ha recibido varios premios por dicho trabajo que incluyen el premio extraordinario de doctorado UPM, el premio ANCI y el premio de la Real Academia de Doctores, así como la medalla Allan B Dove concedida por la Asociación Internacional de Fabricantes de Alambres de Acero.

Como docente, ha sido director de dos grupos de innovación educativa, ha participado en más de 25 proyectos de innovación educativa, siendo investigador principal en 11 de ellos. Por su labor docente ha recibido el Premio Clemente Sáenz Ridruejo al mejor profesor concedido por la Delegación de Alumnos de la ETSI Caminos, Canales y Puertos y el Premio a la Innovación Educativa concedido por la Universidad Politécnica de Madrid.

Desde 2021, coordina una red internacional de investigadores en el ámbito de la diplomacia tecnológica (EELISA Community on Tech Diplomacy & International Cooperation) que trata de hacer consciente a la comunidad científica de la relación entre la tecnología y la geopolítica y que ha recibido la distinción de Cátedra Jean Monnet por la UE. Por su labor en relaciones internacionales ha recibido la Cruz de Oficial de la Orden de Isabel la Católica, que entrega el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación.

Su visión, en sus propias palabras: “Mi lugar es más bien ese espacio que hay entre la táctica y la estrategia en el día a día de una institución pública de enseñanza como la nuestra; cómo facilitar su avance en un tránsito que debería ser permanente entre su memoria e identidad y una visión de futuro imprescindible para poder sobrevivir en un contexto cada vez más agresivo. Es ese el terreno en donde me gustaría ayudar a la Escuela. Uno llega aquí ya con una mochila cargada, sobre todo, de sus propios fracasos. La mía cuenta ya casi con dos décadas dedicadas fundamentalmente a la gestión universitaria. Esa experiencia, un profundo respeto a la universidad pública y un inmenso cariño a la Escuela son mis activos.”

1. Pasado

¿Qué legado dejó Agustín de Betancourt en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y cómo ha influido en la formación de ingenieros a lo largo de los años?

Agustín de Betancourt fundó la Escuela de Ingenieros de Caminos y Canales en 1802, estableciendo un currículo riguroso que combina teoría y práctica, con un modelo inspirado en las “grande écoles” francesas, en especial en la École Nationale des Ponts et Chaussées de París, la escuela de ingeniería civil más antigua del mundo, donde él estudió y a la que siempre hemos considerado nuestra “alma mater”.

Aunque Betancourt y su equipo, en el que conviene mencionar a José María Lanz, pudieron dedicar pocos años a su nueva Escuela, impresiona su ambición: Se tradujeron los mejores libros que había editados en el mundo sobre ingeniería civil, se aplicaron metodologías innovadoras y, sobre todo, se introdujo un enfoque integral en la formación de ingenieros, un peculiar modelo educativo basado en formar ingenieros versátiles y de largo recorrido, con una sólida formación básica y con conocimientos transversales a todos los ámbitos de la ingeniería civil.

Después de doscientos veintidós años desde su fundación, su modelo sigue vigente y su gran obra pervive. Hoy, la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid es uno de los mejores centros universitarios del mundo dedicados a la ingeniería civil, verdadero corazón de la industria española de la construcción de infraestructuras. Su influencia directa e indirecta ha ayudado a llevar a cabo una profunda transformación de las infraestructuras en España, dando respuesta a las necesidades de una sociedad en continuo avance. Así mismo, sus ingenieros han sido claves para el desarrollo de un sector empresarial que ha superado con éxito el reto de la internacionalización, pudiéndose afirmar hoy en día que las grandes empresas españolas, en su mayoría fundadas y dirigidas por antiguos estudiantes de la Escuela, ocupan una posición de liderazgo internacional y sus proyectos, obras y concesiones se encuentran distribuidas por todo el mundo.

2. Pasado

Agustín de Betancourt tuvo una etapa significativa en Rusia, donde contribuyó al desarrollo social, económico y técnico del Imperio Ruso. ¿Cómo ha influido esta experiencia internacional en su enfoque educativo y en la proyección internacional de la Escuela?

De Betancourt se habla en Rusia como инженер, зодчий, механик, государственный деятель, генерал русскойармии, esto es, ingeniero, arquitecto, estadista y general del ejército ruso. Los grandes ingenieros de aquella época tenían, sin duda, algo de estadistas o políticos y algo de militares o, incluso, de espías. La tecnología era clave para los países y la geopolítica, como vuelve a serlo hoy en día.

La experiencia internacional de Agustín de Betancourt en Inglaterra y Francia fue crucial para su desarrollo profesional en Rusia y tuvo impacto en su enfoque educativo. En Rusia, Betancourt atrajo a ingenieros y arquitectos como Charles Potier, Alexandre Fabre, Dominique Bazaine y Maurice Destrem, Montferrand y egresados de la Escuela de Madrid, como Bauzá, quienes contribuyeron a importantes proyectos de infraestructura y desarrollo urbano. Estos profesionales trabajaron en la construcción de puentes, canales y edificios emblemáticos que modernizaron el Imperio Ruso.

Esa visión internacional está en el ADN de nuestra Escuela, que adoptó un modelo educativo abierto a influencias y colaboraciones internacionales, atrayendo a estudiantes y profesores de diversas partes del mundo. Nuestra Escuela nació con la clara aspiración de competir en Europa: “proporcionar la indispensable instrucción a los jóvenes que aspiren a ser Ingenieros de Caminos y Canales, de manera que con el tiempo rivalicen con los más famosos de Europa”, Larramendi 1829 (personaje clave en las primeras décadas de la Escuela).

Desde muy pronto, se becaba a los mejores alumnos para que, al acabar la carrera, ampliasen sus estudios en el extranjero. Antes de que el programa Erasmus se pusiera en marcha, ya era significativo el número de alumnos de la Escuela que completaban sus estudios en otros países y ya estábamos hablando de la primera doble titulación con nuestra alma mater, la École des Ponts de París. Hoy, más del 50% de los egresados de máster han realizado alguna estancia en el extranjero, buena parte de ellos completan una doble titulación en universidades de alto nivel de Europa, EEUU, China o Latinoamérica. Además, una veintena de alumnos realizan anualmente su proyecto final de carrera en el ámbito de la cooperación al desarrollo en zonas necesitadas de África y Latinoamérica.

La integración de experiencias y conocimientos internacionales ha permitido que la Escuela forme ingenieros capaces de enfrentar desafíos globales con soluciones innovadoras y con capacidad para trabajar en entornos multidisplinares e internacionales. Eso es, además, imprescindible para nuestras empresas que hoy trabajan por todo el mundo. Así, la influencia de Betancourt ha perdurado, consolidando a la Escuela de Caminos como un referente mundial en la ingeniería civil.

3. Pasado

 ¿Podría describir algunos de los hitos más significativos de la Escuela desde su fundación hasta la fecha, incluyendo contribuciones importantes de sus graduados?

Bueno, obviamente 222 años dan para muchos hitos. A continuación, doy un repaso muy personal y pido disculpas porque seguro que olvido nombres y acontecimientos.

Obviamente hay que empezar por su Fundación en 1802 marcando el inicio de la formación en ingeniería civil en España. Betancourt y Lanz tuvieron que marcharse pronto y le Escuela se cerró. Por eso, esta primera etapa, en cierta manera, es fallida o al menos no llega a completarse. Pero sin duda marca el carácter y la ambición que definen a nuestra Escuela: fue pensada para competir a primer nivel mundial.

Otra segunda etapa de Primeros Graduados y Obras Pioneras: Los comienzos de nuestra escuela fueron titubeantes hasta que en el año 1858 los ingenieros de caminos consiguieron algo que les ganó el respeto de la sociedad: solucionaron el abastecimiento de agua a Madrid. Hoy puede sonar increíble, pero hasta hace 200 años la escasez de agua era uno de los principales obstáculos que enfrentaba nuestra ciudad; generaba problemas de salubridad, impedía que creciese y amenazaba su futuro como capital de España. El Canal de Isabel II cambió esa realidad radicalmente: fue uno de los abastecimientos de agua más modernos y eficaces de toda Europa. Y durante dos siglos ha servido para que los madrileños tengamos el privilegio de recibir agua de calidad y abundante mientras multiplicábamos por 30 nuestra población. Fue una obra colectiva, pero sin duda, la labor de grandes ingenieros y profesores de esta Escuela como Juan Rafo, Juan de Ribera o Lucio del Valle, resultó clave y así fue percibido por la sociedad. El Canal cimentó el prestigio de nuestra Escuela y el profundo vínculo de la Escuela con Madrid. En sus primeros años, la Escuela también formó ingenieros que participaron en la construcción de importantes infraestructuras que mejoraron significativamente la conectividad y el transporte en España.

Se podría también citar una tercera etapa de Expansión y Modernización en el Siglo XIX cuando la Escuela amplió su currículo y se consolidó de forma significativa: ferrocarriles, faros, puertos, etc. y la consiguiente diferenciación entre arquitectos (en la concepción moderna) y nosotros. Esa Escuela daría graduados como Juan de la Cierva y Codorníu que contribuyó al desarrollo de la aviación con la invención del autogiro o profesores como José Echegaray, el primer premio Nobel en España. También es la Escuela de Leonardo Torres Quevedo, figura de una envergadura hoy incuestionable. En ese momento la ingeniería de caminos consolida un prestigio que la acompañará todo el siglo XX. Hace poco pudimos presentar un estudio en el que catedráticos de derecho rendían homenaje al primer libro de derecho administrativo editado en España, que básicamente recogía las lecciones de derecho del catedrático de nuestra escuela, Tomás María Vizmanos. El mensaje que subyace es importante: en aquellos momentos se estaba forjando el estado moderno y la Escuela era elemento clave para vertebrar, tanto en sus infraestructuras físicas como administrativas y jurídicas, el territorio español.

Durante la segunda mitad del siglo XX, la Escuela y sus egresados ayudan a reconstruir un país hundido por la guerra civil hasta convertirlo, al final del siglo, en una referencia para el mundo en infraestructuras civiles, permitiendo además el desarrollo de un sector empresarial que será después líder en el mundo. Es un periodo de un enorme desarrollo de infraestructuras hidráulicas: desde los tiempos del Conde de Guadalhorce, con insignes ingenieros como Lorenzo Pardo, los ingenieros de la Escuela jugaron un papel crucial en la construcción de presas y embalses que facilitaron el abastecimiento de agua y la generación de energía hidroeléctrica en España. Esa etapa puede solaparse con las de desarrollo geotécnico y geológico. Aquí citaría a Entrecanales, Clemente Saénz, Ventura Escario, Jiménez Salas…y de desarrollo e innovación en ingeniería estructural y materiales con Eduardo Torroja, Fernández Casado, Manuel Elices, José Calavera, Javier Manterola, Martínez Calzón,… No podemos olvidar el transporte, con el ferrocarril y la carretera como elementos estructuradores del territorio. También se gestan algunas de las grandes empresas del sector, casi todas fundadas y dirigidas por egresados de la Escuela: Entrecanales, Ferrovial, Dragados, OHL… Es una época vibrante, con un montón de nombres e hitos que no hay tiempo para citar aquí.

Entramos en una quinta etapa al final del siglo XX e inicio del XXI, de grandes Contribuciones Internacionales. Espoleados por el alto nivel de lo construido en España y amenazados por la parálisis interior provocada por la crisis económica, las empresas del sector dan el salto internacional y se convierten en referencia mundial. En paralelo, la Escuela da soporte a ese reto comprometiéndose con la necesidad de acreditar internacionalmente todos nuestros títulos con el sello americano ABET y con el sello europeo EUR-ACE y también logrando el reconocimiento de nivel de máster del título tradicional de ingeniero de caminos, de forma que nuestros egresados fueran mejor valorados en las licitaciones internacionales. Acompañando a la expansión internacional de nuestras empresas, ingenieros e ingenieras de la Escuela han trabajado en proyectos internacionales destacados, como la ampliación del Canal de Panamá y la construcción de importantísimas infraestructuras en Estados Unidos, América Latina, África y Asia. La nueva complejidad que tienen que enfrentar nuestros egresados se ha visto reflejada en las aulas, en cambios significativos en nuestros planes de estudio y en una profunda apuesta por la internacionalización. Hoy nuestros ingenieros e ingenieras acompañan a las empresas españolas con éxito por todo el mundo.

¿Qué viene a continuación? Los efectos del cambio climático, la transición ecológica y energética, la cohesión territorial o la digitalización van a provocar cambios importantes en las infraestructuras civiles, que volverán a tener un papel protagonista para el desarrollo de la sociedad. Yo creo que veremos una nueva era de las infraestructuras civiles en la que la ingeniería de caminos y la escuela deberían seguir jugando un papel relevante.

4. Presente

¿Qué programas o iniciativas actuales están en marcha para honrar y promover la memoria y los logros de Agustín de Betancourt, tanto en España como internacionalmente?

Con motivo del 200 aniversario de su muerte, la Escuela ha colaborado con el Colegio de Ingenieros de Caminos y otras instituciones para preparar la exposición sobre Betancourt que ha albergado con gran éxito la Biblioteca Nacional estos últimos meses. Querría agradecer aquí el liderazgo del Colegio de Caminos, que ha sido el verdadero artífice de la misma.

Además, la Escuela ha implementado varios programas e iniciativas para honrar y promover la memoria y los logros de Agustín de Betancourt. Estas iniciativas buscan mantener vivo su legado y fomentar la excelencia en la ingeniería civil tanto en España como a nivel internacional. Sobre todo, se basan en la participación de nuestros profesores en diversas conferencias, exposiciones y revistas profesionales. Durante estos últimos años, se han llegado a presentar y promover al menos dos libros sobre la vida de nuestro fundador.

La mayoría de las veces canalizamos estas acciones vía la Fundación Agustín de Betancourt, que se dedica a la investigación y promoción de temas relacionados con la ingeniería civil y su impacto en la sociedad organizando conferencias, seminarios y talleres sobre temas de innovación tecnológica, gestión de infraestructuras y desarrollo sostenible.

La Escuela organiza regularmente eventos conmemorativos, exposiciones y actos académicos en honor a Agustín de Betancourt, especialmente significativas las realizadas en colaboración con universidades rusas que rinden también homenaje a Betancourt. Desgraciadamente, ahora mismo esto está totalmente paralizado debido a la situación internacional.

En definitiva, la presencia de Betancourt en la Escuela de Caminos de Madrid y en la Universidad Politécnica de Madrid sigue siendo muy fuerte.

5. Presente

¿Cómo se está adaptando la Escuela a los cambios tecnológicos y las nuevas demandas de la ingeniería civil en el siglo XXI, incluyendo la digitalización y la automatización?

Creo que es obvio que la escuela debe avanzar y posicionarse en los dos grandes retos que enfrenta la ingeniería civil en los próximos años: la transición ecológica y la digitalización. Posicionarse en esos ámbitos no es una cuestión de cambiar unas cuantas asignaturas. Es algo más complejo. Significa ser capaz de lograr que la sociedad te reconozca como un actor importante en ese proceso.

Más que hablar de generalidades sobre digitalización, voy a intentar centrarme en acciones concretas que estamos llevando a cabo. Mi visión es que para avanzar a la velocidad que necesitamos hoy es imprescindible aportar recursos externos y liderazgo a nivel de Escuela, también es importante dotar a la iniciativa de un carácter internacional y de colaboración con empresas. No es fácil pensar en grande en la universidad pública española, así que la mejor forma que conozco de abordar un problema así es tratar de estructurarlo en torno a un proyecto que obtenga la financiación suficiente para activar dicho movimiento.

Eso es lo que hemos intentado hacer. Armamos y conseguimos un proyecto europeo sólido junto a la École des Ponts de París, y a las politécnicas de Budapest, Bucarest y Estambul, de aproximadamente 7 millones de euros y cuatro años de duración. La novedad, quizá, es que el proyecto está liderado desde la dirección de la Escuela y su objetivo último es activar el movimiento de la misma en el ámbito de la digitalización.

En octubre de 2023 lanzamos la primera edición del “máster de gemelos digitales aplicados a infraestructuras y ciudades” (Executive Master in Digital Twins for Infrastructures and Cities) que ahora está terminando. Liderado por nuestra Escuela, es un máster europeo conjunto con otras tres universidades europeas, entre ellas la École des Ponts de París. Diseñado para profesionales e ingenieros apasionados por la transformación digital en ingeniería civil, ciudades inteligentes y campos relacionados, nuestro programa brinda capacitación integral en las tecnologías clave utilizadas en gemelos digitales para infraestructuras, la capacidad de concebir gemelos digitales para abordar desafíos específicos en infraestructuras (planificación, diseño, construcción, operación y gestión), y las habilidades para identificar oportunidades de negocio creadas por la digitalización. Frente a una enorme proliferación en el mercado de cursos centrados casi exclusivamente en BIM, no exagero si digo que el máster es muy completo y transformador, dotando a los profesionales de un conocimiento muy potente en herramientas digitales y en su aplicación a las infraestructuras civiles.

Además de generar el máster y de la interesantísima alianza formada con el resto de escuelas involucradas, el proyecto nos ha servido para activar recursos humanos y generar un equipo dedicado a apoyar la digitalización en la Escuela. El siguiente paso en el que estamos trabajando es en generar un centro de innovación en digitalización de infraestructuras, junto a las mejores empresas del sector.

El resultado hasta ahora es francamente ilusionante. La Escuela cuenta hoy, sin duda, con el máster más potente del sector y así lo perciben también las empresas que se han sumado con mucho interés a la iniciativa. Acogemos además reuniones técnicas frecuentes con todos los actores relacionados con la digitalización en los diferentes ámbitos de la ingeniería civil (ferrocarriles, puertos, movilidad,…). Los siguientes pasos (consolidar el máster, generar un centro de digitalización con la colaboración de las empresas y buscar la sostenibilidad con nuevos proyectos) no son nada fáciles, pero es indudable que estamos en marcha.

Además, estamos tratando de que se sumen más acciones complementarias a la iniciativa, que deberían ir convergiendo, como los cursos de digitalización para el reciclaje de profesionales (sobre BIM, IoT, IA, etc…) financiados por fondos europeos a través del Ministerio de Transportes, la incorporación de un bloque de asignaturas de digitalización al programa ingeniero de caminos o el programa de formación en digitalización para empresas nos lo solicitan.

Todo ello conforma una estrategia en torno a ese proyecto estructurador que busca posicionar a la Escuela como un actor relevante en este proceso de digitalización de nuestro sector profesional.

6. Presente

 ¿Qué papel juega la internacionalización en la formación de los estudiantes de la Escuela hoy en día, y cómo se refleja esto en convenios y colaboraciones con otras universidades y organizaciones?

La Escuela tiene acuerdos de intercambio con más de 150 universidades de todo el mundo y 20 acuerdos de doble titulación con algunas de las mejores escuelas de ingeniería civil de Europa, América, Asia y Oceanía. Además, desarrolla una intensa actividad en cooperación al desarrollo, ya sea con proyectos de ingeniería humanitaria (cada año, unos 20 estudiantes viajan a países en vías de desarrollo para hacer su proyecto fin de carrera sobre el terreno) o apoyando el desarrollo de la carrera de ingeniería civil en universidades de África subsahariana. Para nosotros es fundamental asegurar que nuestros estudiantes estén preparados para trabajar en un contexto global y enfrentar desafíos internacionales en su carrera profesional, porque es la realidad de nuestras empresas.

Pero todo ello se engloba dentro de una estrategia de internacionalización de la Escuela más amplia, que busca fundamentalmente el posicionamiento o reconocimiento internacional y el acompañamiento a nuestro sector empresarial allá donde se necesite. No es este el lugar para teorizar sobre el contexto de la educación superior en el mundo actual. Pero sí conviene mencionar que hoy el mundo universitario opera como un “bien posicional”. La jerarquía posicional marca el valor del bien. De ahí la continua referencia a rankings internacionales y nacionales, realizados con criterios siempre discutibles pero que cumplen la función de posicionar a las instituciones. Además, debemos ser conscientes de que hoy las universidades están siendo juzgadas en términos de dos marcos de referencia: el nacional y el global. Y por encima de las jerarquías nacionales ahora empiezan a predominar las globales. Resulta por tanto clave el posicionamiento internacional de la institución para el futuro de la misma.

La Escuela de Ingenieros de Caminos de la Universidad Politécnica de Madrid está considerada entre el 5º y 8º mejor centro de enseñanza del mundo en Ingeniería civil, en las siete ediciones publicadas hasta hoy del Ránking de Shanghai (ARWU), que es el más respetado del mundo. Eso le sitúa como el centro universitario español, de cualquier área y especialidad, mejor considerado a nivel internacional. Además, la Universidad Politécnica de Madrid es la mejor universidad española en el área de ingeniería y arquitectura en el otro gran ránking internacional (QS) encontrándose entre las 100 mejores del mundo en Engineering & Technology (55º del mundo), en Civil & Structural Engineering (38º del mundo) y en Graduate Employability (94ª del mundo).

El modelo formativo de la Escuela también ha sido ensalzado por la Agencia Estadounidense ABET y por la Agencia Europea EURACE mediante la acreditación del título de Grado en Ingeniería Civil y Territorial y de Máster en Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos. Los sellos de calidad internacionales más reconocidos (ABET para EEUU y países de influencia anglosajona y EURACE para Europa y su ámbito de influencia) han permitido que nuestros graduados tengan reconocido su título en todo el mundo y que nuestras empresas de construcción hayan podido internacionalizarse sin trabas que impidieran a sus ingenieros firmar y dirigir proyectos.

En resumen, la Escuela ha hecho sus deberes y se encuentra bien posicionada internacionalmente. Sería un error dormirse en los laureles o creerse que la posición en los rankings significa algo más que una mera clasificación atendiendo a unos criterios discutibles. La internacionalización y el posicionamiento internacional son, sencillamente, una necesidad para competir en el contexto de una educación superior cada vez más globalizada.

7. Presente

 ¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta actualmente la profesión de ingeniero de caminos y cómo se están preparando los estudiantes para afrontarlos, especialmente en el contexto de la sostenibilidad y la resiliencia ante el cambio climático?

Voy a cambiar un poco el foco de la pregunta, perdón por ello. No quiero repetirme con la digitalización y el cambio climático. Además, formamos parte de un sector muy potente; estoy seguro de que sabremos afrontar esos desafíos. En cambio, sí hay una amenaza que me preocupa de verdad: el talento.

La crisis de la construcción de 2008 y una adaptación a Bolonia a regañadientes, entre otros factores, provocaron una profunda crisis de vocaciones en nuestra profesión. Durante la segunda década del siglo XXI las escuelas de caminos de toda España lo sufrimos profundamente. Algunas de ellas prácticamente quedaron desiertas. En nuestro caso, conseguimos llenar las plazas ofertadas, pero con una nota de corte muy baja que, dada la dificultad que tienen nuestros estudios, auguraba una alta tasa de abandono, como después se ha podido comprobar.

Teniendo en cuenta que las escuelas necesitamos entre seis y ocho años para formar a un buen ingeniero o ingeniera de caminos, lo que se sembró entonces es lo que hoy está recibiendo el mercado. En nuestro caso, consciente o inconscientemente, optamos por seguir manteniendo un alto nivel de exigencia y el resultado es que hemos llegado a tener tasas de abandono del 70% de los que entraban, cuando lo tradicional venía siendo entre el 20% y el 30%. Ahora mismo estamos produciendo muy buenos ingenieros, como siempre, pero aproximadamente la mitad de los que deberíamos. En un momento, además, en el que las empresas necesitan muchísimos más.

Lo cierto es que hace diez años el sector no atendió nuestra llamada de auxilio. Al contrario, en mitad de la crisis, las empresas tenían sus propios problemas y desaparecieron de las escuelas. Más duro, quizá, era escuchar a compañeros decir que las escuelas ya no merecían la pena, que las cosas se estaban haciendo muy mal o repetir los mantras habituales (que ya no daban clase los grandes profesionales, que había demasiadas escuelas,…) que son indestructibles por muchos datos que aportes para refutarlos. Muchos terminaban su argumentación con un: “lo último que le recomendaría a mi hijo sería estudiar caminos”. Algunos de esos hoy están desesperados pidiéndonos a las escuelas que generemos más ingenieros de caminos.

Con esto no quiero decir que las escuelas no cometieran errores. Sin duda, los cometimos. Y tampoco espero que los problemas de la universidad deban resolverlos otros. La universidad hoy es un ámbito muy complejo y competitivo y desde luego nos corresponde a nosotros enfrentarlo. Pero sí echo de menos más unión en nuestro colectivo y el apoyo para enfrentar las amenazas de forma conjunta. España tiene uno de los mejores ecosistemas del mundo en construcción de infraestructuras y también algunas de las mejores escuelas de caminos, no es casualidad. Yo creo que deberíamos sentirnos orgullosos de ello y decirlo allí donde estemos. Pero, sobre todo, ser conscientes de que cuando una parte de ese ecosistema sufre, en algún momento lo acabaremos pagando todos. Para mí es indudable que los problemas que hace diez años sufrimos las escuelas hoy los tiene el sector. Y constituyen una de las principales amenazas que afronta.

Es posible que haya otros caladeros para conseguir talento, en otras carreras o en otros países, pero eso tiene un coste tangible (el ingeniero de caminos es un perfil muy español, no es fácil encontrarlo fuera, con el que nuestras empresas están muy acostumbradas a trabajar) e intangible (provocará sin duda una pérdida de identidad del sector).

Aun así, soy optimista. Las cosas están mejorando. Los últimos años están mostrando un aumento significativo en las vocaciones (y la consiguiente mejora en las notas de corte). Las escuelas de caminos trabajamos unidas para mejorar la imagen y el atractivo de nuestros títulos y de la profesión, y esa labor cada vez está más coordinada con el Colegio y las empresas. Las empresas han recuperado su presencia en las Escuelas, esto es fundamental porque el vínculo con la profesión siempre ha sido parte de nuestra identidad. La aparición de los PARS (programas académicos de recorrido sucesivo) en la oferta académica nos ha permitido recuperar la visibilidad de la marca ingeniero de caminos desde el bachillerato. En el caso de nuestra Escuela, yo espero que el próximo año empecemos ya a subir el número de egresados para recuperar en breve nuestra plena capacidad. Pero aún hay margen de mejora, sobre todo en el vínculo del sector con las escuelas. Es necesario que trabajemos más juntos. En un tiempo en que el talento es tan apreciado, aquellos que solo se acercan a la universidad a pescarlo es bastante probable que se vayan con las manos vacías. En mi humilde opinión, hay una cierta lección en todo lo que ha pasado que deberíamos aprovechar como sector.

8. Futuro

 ¿Qué tendencias ve emergiendo en la ingeniería civil, como la inteligencia artificial y la ingeniería sostenible, y cómo se prepara la Escuela para integrarlas en su currículo?

Más que tendencias, yo hablaría de respuestas. La ingeniería de caminos debe responder a los retos que enfrenta la sociedad. Y en ese sentido, el cambio de paradigma en los últimos años ha sido drástico. El incremento exponencial de la población mundial, el crecimiento urbano, los nuevos modos de movilidad, la escasez y encarecimiento de los recursos materiales y energéticos, la necesidad de mitigar las consecuencias del cambio climático y adaptarnos al mismo y un salto tecnológico revolucionario en las tecnologías de la información han hecho que los problemas a resolver hoy sean muy distintos. Nuestras infraestructuras son cada vez más complejas e interdependientes, se extienden a través de fronteras regionales y nacionales, y dependen cada vez más de tecnología digital sofisticada. Se encuentran, además, bajo la presión antes indicada de las crecientes demandas del crecimiento demográfico, la urbanización acelerada y el cambio climático. Se han vuelto frágiles como resultado de la gobernanza fragmentada y la falta de inversión, y ahora operan en un futuro cada vez más incierto. A pesar de todo ello deben seguir brindando los servicios esenciales de los que depende la sociedad.

¿Cómo se ve reflejado todo esto en la Escuela? Yo diría que en la necesidad de moverse. Tradicionalmente, los cambios de plan de estudio en la Escuela solo se realizaban cuando venían obligados por cambios de leyes educativas. Sin embargo, hoy estamos en mitad de un proceso constante de actualización de todos nuestros programas, incluido el ingeniero de caminos, precisamente para responder a esas nuevas necesidades de nuestros egresados: competencias digitales, conocimiento sobre el cambio climático y sus efectos, project management, financiación y gestión, infraestructuras sostenibles, movilidad inteligente, nuevas infraestructuras civiles, nuevas formas de colaboración con las empresas a través de la formación dual universitaria,… Ahora mismo estamos terminando de preparar la modificación del máster ingeniero de caminos, a la vez que analizamos los resultados del nuevo máster en gemelos digitales y cómo se pueden incorporar en el futuro al de caminos.

La proliferación de universidades, públicas y privadas, ha convertido a la enseñanza superior en un mercado extremadamente competitivo. En mi opinión, la única forma de competir es ser fieles a nuestra identidad. Lleva tiempo el construir una verdadera identidad diferenciadora que sitúe a la institución aparte, en un lugar propio, con una base sólida y unas capacidades que nadie puede copiar. Ahora bien, ser fieles a nuestra identidad no quiere decir permanecer anclados en el tiempo, o vivir soñando con volver un siglo atrás. Somos una institución respetada y fiable, que aporta un sello de calidad y una marca a aquellos que la eligen. Los alumnos saben que estudiar en la Escuela es más difícil que en otras universidades, pero el valor conseguido merece la pena. Las empresas conocen el tipo de alumno que les llega desde la Escuela de Caminos de Madrid, y valoran sus competencias. Conservar esos valores hoy también lleva consigo la necesidad de modificar nuestros programas constantemente mirando hacia el futuro, atendiendo a las demandas de la sociedad y compartiendo el reto con las empresas de nuestro sector.

Pero, sobre todo, no podemos olvidar que en la raíz misma de la revolución que vive la universidad se encuentran el cambio tecnológico en la enseñanza y una profunda transformación del tipo de alumno. Si obviamos cualquiera de esos dos elementos y, especialmente, si no situamos al alumno como centro de nuestra estrategia, como nuestro principal valor, con una enseñanza moderna que dé respuesta a sus necesidades y motivaciones, la exigencia y la dureza de nuestros programas serán baldías.

9. Futuro

¿Qué iniciativas se están desarrollando para fomentar la investigación y la innovación en la Escuela, especialmente en áreas emergentes como las smart cities y la infraestructura verde?

De nuevo, intentaré hablar más bien de iniciativas concretas. El nivel de los investigadores de la Escuela es muy alto y, especialmente, se está produciendo un relevo generacional muy interesante. Sin embargo, las estructuras de investigación son demasiado tradicionales, requieren una evolución. Por eso, desde la dirección de la Escuela buscamos completar una estructura de investigación moderna y competitiva que nos permita enfrentar los próximos retos de la ingeniería civil.

¿Cuál es la situación actual? La Escuela pertenece a la universidad líder en investigación, innovación y emprendimiento en España: La UPM es líder entre las universidades españolas en proyectos de investigación europeos H2020, en patentes o en creación de empresas. Además, tiene un muy potente programa propio de fomento de investigación que dedica más de diez millones anuales al apoyo a actividades investigadoras. Dentro de la UPM, la Escuela de Caminos ocupa una posición relevante, aunque escuelas como la de Telecomunicación o la de Industriales tienen un mayor peso investigador. La Escuela cuenta con dos centros de investigación TRANSYT (Transporte) y CIME (Materiales Estructurales). Pero la mayoría de sus profesores y de sus catorce grupos de investigación no pertenecen a ningún centro, teniendo por tanto una estructura de investigación disgregada que le impide competir por los grandes proyectos.

Nuestra visión es que, en la situación actual, el campo de la I+D+I de la ingeniería civil precisa de un enfoque multidisciplinar, que aúne las disciplinas clásicas (hidráulica, energía, estructuras, geología, urbanismo, etc.) con la digitalización, la sostenibilidad y la mitigación y adaptación al cambio climático. Esa es la idea que hay detrás del lanzamiento de un nuevo centro de investigación en Infraestructuras Civiles Inteligentes y Sostenibles (CIVILis), que es la iniciativa que tenemos en marcha y que será aprobada por la UPM en julio de 2024.

Con más de cien investigadores y doce grupos de investigación de muy diferentes ámbitos, CIVILis responde a la necesidad una estructura de I+D+i que fomente la multidisciplinariedad en la investigación sobre Ingeniería Civil, y que incluya además como aspectos transversales las herramientas digitales y la sostenibilidad. Es también una estructura propicia para fomentar la colaboración y los laboratorios conjuntos con empresas.

El apoyo de la Escuela no queda solo en la estructura, sino que viene acompañado de un equipo de soporte a la investigación, tanto para CIVILIis como para los dos otros centros de investigación.

A menudo, el alegato a favor de defender que los profesionales de prestigio deben tener su sitio en la Escuela, algunos lo han convertido en una diatriba contra los investigadores, discutiendo la utilidad de la investigación para una escuela como la nuestra. La universidad hoy es generadora de conocimiento: investigación, innovación y transferencia son pilares clave de cualquier institución universitaria. Una universidad que carezca de investigación es sencillamente una academia. Además, hay una lógica del mundo universitario que debemos interiorizar: si la Escuela quiere crecer en un cierto ámbito, la única vía de hacerlo de forma sólida y sostenible es siendo líder en investigación en dicho ámbito.

10. Profesión

¿Qué consejo le daría a los futuros ingenieros de caminos que se están formando en la Escuela hoy en día, considerando los desafíos y oportunidades del mundo actual?

No soy amigo de dar consejos a adultos, lo que les diría es, sencillamente, que me cambiaría por ellos. Han elegido una profesión en la que no les van a faltar oportunidades de trabajo. Pero, sobre todo, van a disfrutar de una profesión que les dará la satisfacción de poder mejorar la calidad de vida de las personas. Les tocará vivir unos años convulsos y conocerán un mundo que, como mínimo, será muy diferente al que nosotros hemos conocido. Pero será un mundo en que la ingeniería de caminos va a jugar un papel clave, van a tener entre manos algunos de los mayores retos de la sociedad. Lo que les puedo garantizar es que estarán preparados para afrontarlo. Y también que, siempre que lo necesiten, piensen en nosotros, porque nuestro compromiso es para toda la vida, y aquí seguirá la Escuela para ayudarlos.

También trataría de darles ánimo, porque sé que somos muy exigentes. Elegir la Escuela no es elegir el camino fácil, pero merecerá la pena. Nuestros programas académicos son muy exigentes. A cambio, preparan profesionales de alto nivel, con una formación sólida y versátil, y una tremenda capacidad de adaptación, lo que los hace muy valorados en el mercado, no sólo en su ámbito de estudio. Pero indudablemente estudiar en la Escuela es muy duro, es parte de nuestra identidad. Cualquiera que haya practicado deporte de alto nivel sabe que para progresar hay que entrenar al límite de tu capacidad. Les diría a nuestros estudiantes que no duden que ese esfuerzo merece la pena, que confíen en nosotros, sabemos lo que hacemos, llevamos mucho tiempo haciéndolo y hay una historia detrás que nos avala. Uno de los mejores escritores de la actualidad, John Banville, decía en una entrevista: “No hay nada bueno, nada duradero y valioso que no sea difícil, las cosas sencillas son simplemente eso, sencillas, pero las difíciles son mucho más que ellas mismas”. Eso es lo que van a conseguir en la Escuela, algo difícil.

Les aconsejaría también que fueran pacientes y generosos cuando escuchen que los ingenieros de antes eran mejores. Eso es algo que hemos escuchado todos cuando éramos jóvenes. Es nuestro mecanismo de defensa ante un mundo que se nos escapa a los mayores, porque ya les pertenece a ellos. Esa nueva era apasionante de las infraestructuras civiles a la que me refería antes, ese mundo de la IA, la digitalización, el cambio climático,… es el suyo, no el nuestro. Sin duda, serán los mejores ingenieros para afrontar los retos siguientes de la ingeniería civil.