Avanzamos a tientas

Los que nos dedicamos a la educación sabemos que los informes suelen tener una vida muy corta. Se publican, generan debate unas semanas y desaparecen. Sin embargo, hay uno que muchos seguimos recordando: el Informe Delors. Y eso que ya ha cumplido treinta años y que, probablemente, está superado

En 1996 el problema no era la inteligencia artificial. Era la globalización, la llegada de Internet, la economía del conocimiento y el final de un mundo que hasta entonces parecía relativamente estable. Ese fue el contexto en el que la UNESCO publicó Learning: The Treasure Within

Jacques Delors entendió que antes de dar respuestas había que ordenar la conversación. Condensó toda aquella complejidad en cuatro ideas sencillas, profundamente humanas y extraordinariamente duraderas, que definían el propósito de la educación en aquellos tiempos de cambio:

Aprender a conocer. Aprender a hacer. Aprender a vivir juntos. Aprender a ser

Aquellos cuatro pilares no resolvían los problemas, ofrecían una brújula. El Informe Delors no simplificó la educación, simplificó la conversación sobre la educación. De alguna forma, convirtió un debate técnico en un lenguaje compartido y un marco intelectual desde el que discutirlo, y humanizó la transformación que estábamos viviendo

Quizá ese fue el secreto de su impacto. Durante casi tres décadas, aquellos cuatro pilares han orientado políticas educativas, reformas curriculares, universidades y escuelas en todo el mundo

Hoy vivimos, otra vez, uno de esos momentos en los que el mundo cambia más deprisa que las palabras con las que intentamos describirlo. Nunca habíamos producido tantos informes, tantos datos y tantos análisis sobre el futuro de la educación. Debatimos sobre modelos de lenguaje, evaluación, tutores inteligentes, regulación o automatización. Todo eso es imprescindible. Pero antes o después tendremos que regresar a las preguntas esenciales: ¿Qué significa educar cuando el conocimiento ha dejado de ser escaso? ¿Qué significa aprender cuando cualquier estudiante puede conversar con una IA capaz de responder casi cualquier pregunta? ¿Qué capacidades seguirán siendo verdaderamente humanas?

Responder exige evidencia, investigación y rigor. Pero también una visión capaz de ofrecer un marco compartido. Porque el futuro de la educación no puede ser una discusión reservada a los expertos. Nos afecta a todos

Siempre recuerdo una frase de La edad de hierro, de Coetzee: “Avanzo a tientas por un pasillo que se vuelve cada vez más oscuro… Voy tanteando con cada palabra”

Hay momentos en los que podemos aspirar a análisis rigurosos y soluciones. Y otros en los que solo cabe encontrar palabras que orienten el camino. Conviene desconfiar de quien afirme tener hoy, en un tiempo así, todas las respuestas. Me conformaría con que, como sociedad, fuéramos capaces de construir un lenguaje compartido con el que interpretar este tiempo y el desafío educativo que plantea

Aunque sea a tientas. “Feeling the way with every word”