Justo hoy se cumplen 175 años de una decisión que cambió para siempre el futuro de Madrid. La reina Isabel II y Bravo Murillo apostaron por la ingeniería para resolver uno de los mayores problemas de la ciudad: la escasez de agua.
Y confiaron esa misión a dos ingenieros de caminos formados en nuestra Escuela, Juan Rafo y Juan de Ribera.
Hoy resulta difícil imaginarlo, pero hace apenas dos siglos la falta de agua limitaba el crecimiento de Madrid, generaba graves problemas de salubridad y comprometía su futuro como capital.
Rafo y Ribera diseñaron una solución extraordinariamente ambiciosa para su tiempo: traer el agua desde el Lozoya. Ese fue el origen del Canal de Isabel II.
Pero el Canal es mucho más que una obra de ingeniería. En el fondo, las infraestructuras son un compromiso. Y el Canal es un compromiso de Madrid con sus habitantes.
Y durante estos 175 años, el Canal ha cumplido ese compromiso. Ha permitido que Madrid creciera, prosperara y multiplicara por más de treinta su población manteniendo un suministro de agua seguro, fiable y de extraordinaria calidad. Bebemos una de las mejores aguas del mundo, y eso no ocurre por casualidad.
Desde la Escuela de Caminos, queremos felicitar hoy a todos los profesionales del Canal de Isabel II, muchos ingenieros e ingenieras formados en nuestra escuela, y agradecerles que sigan cuidando, cada día, una de las infraestructuras más importantes y más queridas de nuestra región, y que sigan velando por ese compromiso de Madrid con sus habitantes.
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